Palau de la Música Catalana
Dirección
Palau de la Música, 4 - 6.
Horario
Visitas guiadas:

Todos los días de 10 a 15.30 h.

Agosto de 9 a 20h.

Julio y Semana Santa de 10 a 18h.

Posibilidad de comprar entradas con antelación por internet www.palaumusica.cat o por teléfono (tel. 902 475 485).
Información
Tel.: 902 475 485

www.palaumusica.cat

visites@palaumusica.cat
Observaciones
Las visitas tienen una duración de 50 minutos.Venta de entradas en la tienda Les Muses del Palau y en las taquillas del Palau de la Música. Plazas limitadas: 55 personas por visita. Las visitas que coinciden con la hora en punto se realizan en inglés, y las que empiezan a la media, en castellano o catalán. Los horarios de visitas podrán sufrir variaciones o anulaciones según la disponibilidad de la sala de conciertos, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Precios y descuentos
Precios.

Adultos: 18,00 €

Estudiantes: 11,00 €

Grupos (+ 25 personas): 13,60 €

Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos.
Descripción
PALACIO DE LA MÚSICA CATALANA). El Palau de la Música es un encargo que el Orfeó Català realizó en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera piedra del nuevo edificio se colocó el día de Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres años. El resultado fue una suntuosa sala de conciertos que estaba llamada a ser el hogar de la música coral catalana. El edificio se erige sobre el solar del antiguo convento de Sant Francesc de Paula. La reducida superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes en la época obligaron a Domènech i Montaner a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles estrechas que limitan su contemplación global desde el exterior y a ingeniárselas para que la caja del escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.

La iglesia del antiguo convento, reconvertida en parroquia, sobrevivió hasta que fue demolida para emprender una ampliación. La intervención, firmada por Oscar Tusquets (2003), consistió en la construcción en el solar de la antigua iglesia de una plaza que deja a la vista la inmensa vidriera original de Domènech que antes quedaba escondida en el patio interior que había entre la iglesia y el Palau. La vidriera ha sido flanqueada por dos torres de ladrillo visto, la de la esquina muestra relieves que representan un frondoso árbol esculpido en ladrillo, motivos vegetales inspirados en Domènech i Montaner. En el subsuelo de la gran plaza se ha construido el Petit Palau, una nueva sala polivalente con capacidad para seiscientas personas.

El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo catalán por su arquitectura brillante, atrevida y suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero no fue siempre así: el Palau de la Música fue una de las últimas extravagancias del Modernismo y, ya en los años veinte, empezó a ser cuestionado hasta el punto de que los vecinos lo llamaban "el palau de la quincalleria" (el palacio de la quincallería) y los arquitectos de la época abogaban por su demolición. Afortunadamente, nunca consiguieron su propósito y el Palau se ha conservado, convirtiéndose en una institución emblemática íntimamente ligada a la memoria colectiva de los barceloneses.

El Palau de la Música Catalana fue inaugurado en 1908 con un breve concierto en el que se interpretaron piezas de Clavé y Händel. La fachada proyectada por Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses: de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización de revestimientos de mosaico cerámico, está presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa una alegoría de la música popular. Es una obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge (Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando al viento. La fachada también cuenta con un mosaico que representa "La balanguera" del poema de Joan Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-, rodeada de los cantantes del Orfeó Català. Otro punto de interés del exterior del Palau son las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas continúan en el interior: el recargado vestíbulo, las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo de la
auténtica joya del edificio.

En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos y elementos decorativos que juegan, constantemente, con la percepción de la luz y el color. La imagen más famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa un coro de ángeles femeninos rodeando al sol. La obsesión por la luz de Domènech i Montaner no se limita a la claraboya: diseñó la sala con una liviana estructura de acero creando una especie de caja de cristal que filtra la luz exterior a través de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las catedrales góticas y confieren cierto aire sacro al auditorio. El escenario de la sala es, sin duda alguna, la escultura más espectacular del Palau. El proscenio acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez diseñado por Domènech i Montaner pero labrado por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda, el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé y una alegoría de las flores de mayo, que representan la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven personifica la música universal. Por encima del busto de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé, simbolizando la relación de la nueva música con la antigua cultura musical popular catalana. El escenario se completa con un espectacular órgano de factura alemana (restaurado en el año 2004 gracias a una campaña de suscripción ciudadana) y el hemiciclo, diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís, en el que destacan las dieciocho esculturas que representan los espíritus de la música y un sorprendente escudo de Austria. Una balconada y una columnata de influencia egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva de la sala, verdadero santuario de la música, en la que han actuado intérpretes de la categoría de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y las lámparas de aire medieval, más propias de un castillo que de una sala de conciertos. Otros espacios del edificio dignos de atención son la sala de música de cámara, en la que todavía se puede contemplar la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís Millet, quizás la estancia que se conserva más fiel al proyecto original de Domènech i Montaner.