Casa Amatller
Dirección
Paseo de Gràcia, 41.
Descripción
La historia de este inmueble se remonta al año 1898, cuando el industrial chocolatero Antoni Amatller, aficionado al coleccionismo de vidrio antiguo y a la fotografía, quiso transformar un anodino edificio de 1875, que había comprado para trasladar allí su residencia principal. El industrial encargó las obras al arquitecto Puig i Cadafalch, que apostó por darle la apariencia de palacio gótico urbano, con una fachada plana y un patio central con una escalera que diera acceso a la vivienda principal, pese a que el inmueble tenía que ser habitado por varias familias.

Puig i Cadafalch creó en la Casa Amatller una lectura muy personal del gótico, abriendo un camino que le permitió mantener la excelencia de su obra incluso en los momentos en que los elementos del lenguaje gótico eran abandonados por casi todos los arquitectos. Lo primero que sorprende del edificio es la escalonada fachada de reminiscencias nórdicas, presidida por una membrana esgrafiada de estucos ocres y blancos y coronada por un exuberante frontón flamenco ornamentado con azulejos vitrificados rojos y dorados.

La fachada, considerada por algunos especialistas como "la apoteosis de las artes decorativas" y en la que algunos quieren ver influencias de los palacetes urbanos de Copenhague, Bruselas o Ámsterdam, posee una tribuna de inspiración wagneriana que evoca la fachada de la capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Puig i Cadafalch salpicó la casa con sus típicos detalles de inspiración medieval. Las puertas de acceso, por ejemplo, están decoradas con esculturas, capiteles y estucados, como la figura de piedra de san Jorge matando al dragón, obra de Eusebi Arnau. También en los bajos se encuentra una joyería que ha respetado las pequeñas ventanas originales de ornamentación floral, inspiradas en las de las masías góticas catalanas. En la planta noble, las figuras de las ventanas recrean las fantásticas y grotescas criaturas que poblaban palacios e iglesias góticas.

El vestíbulo está adornado con tres lámparas de bronce y una elegante escalera que conduce a la planta noble, en la que se encuentra el Instituto Amatller de Arte Hispánico, fundado por la familia Amatller: una entidad académica dedicada al estudio del arte español, hoy propie-taria del edificio. El piso principal es uno de los pocos de Barcelona que aún hoy conservan no sólo gran parte de su riqueza ornamental original, sino también la atmósfera dorada y opulenta de aquella burguesía del Eixample modernista gracias a las esculturas que se adaptan a los espacios, a los suelos de mosaicos de estilo romano y de mármol blanco, y a los techos, que presentan una rica combinación de vigas policromadas y estucos esgrafiados. La chimenea es una de las piezas más notables, aunque muchos consideran que la obra maestra del piso es la columna de mármol rosado situada en medio de la tribuna y que se ve desde la calle, una columna desprovista de cualquier misión estructural y sólo concebida por puro hedonismo. Desgraciadamente, este piso no puede ser visitado. No obstante, en el MNAC (34) se pueden contemplar diversos elementos del mobiliario original de esta casa.