Casa Milà, la Pedrera
Dirección
Paseo de Gràcia, 92 / Provença, 261-265.
Horario
De Noviembre a Febrero (ambos inclusive): de 9 a 18.30h (última hora de acceso: 18h).

De Marzo a Octubre (ambos inclusive): de 9 a 20h (última hora de acceso: 19h30h).

Cerrado: el 25 de diciembre por festividad, y del 13 al 19 de enero, ambos inclusive, por obras de mejora y mantenimiento de las instalaciones.


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Información
Tel.: 902 202 138. www.lapedrera.com
Observaciones
Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Precios y descuento
Precios

Adultos: 20,50€.

Entrada reducida: 16,50 €.

De 7 a 12 años: 10,25€.

De 0 a 6 años: entrada gratuita.

Grupos de + 10 personas, reserva obligatoria por correo electrónico:  reserves@lapedrera.com o por tel.: 902 202 138.

Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos.
Descripción
Hasta el año 1905, este chaflán acogió un modesto chalé de tres pisos con jardín. En 1906, fue demolido para ceder su espacio a una de las obras más admiradas y fotografiadas de Antoni Gaudí: la CASA MILÀ, (67) popularmente conocida como LA PEDRERA (LA CANTERA). La Casa Milà, el último edificio de viviendas construido por Gaudí, fue erigido por encargo de Pere Milà, un joven promotor urbanístico casado con Rosario Segimón, la rica viuda de un indiano llamado José Guardiola. Milà era, por aquel entonces, un triunfador, amante del lujo, las modas y las novedades: un auténtico dandi de la Barcelona modernista. Fue uno de los primeros que presumió de coche con motor por las calles de la ciudad mientras los barceloneses -quizás como desquite- bromeaban a propósito de su conocida afición al dinero y a la ostentación, preguntándose si no estaba "más interesado en la guardiola (hucha en catalán) de la viuda que en la viuda de Guardiola". Milà, completamente atrapado por la "fiebre" modernista, quería un edificio que dejara boquiabierta a la ciudad y superara en esplendor a sus notables "vecinos", las casas Batlló, Amatller y Lleó Morera. Y a fe que lo consiguió. Gaudí, animado por un presupuesto ilimitado, regaló a la ciudad un paisaje geológico, un acantilado marino y una escultura abstracta con formas orgánicas de dimensiones gigantescas. La Casa Milà es, en definitiva, el triunfo de la línea curva que se impone con una rotundidad nunca vista. La Pedrera es el nombre con el que los barceloneses bautizaron el edificio cuando lo vieron acabado en 1910, impresionados por aquella insólita y aberrante fachada que provocó muchas burlas populares y críticas de dibujantes y escritores. El pintor Santiago Rusiñol, por ejemplo, bromeaba afirmando que los habitantes de este edificio que parecía una cueva debían de tener serpientes en lugar de un perro o un gato, como animales domésticos. El político francés Georges Clemenceau, tras una visita a Barcelona, comentó de forma irónica que los catalanes se habían empapado tanto de la leyenda de san Jorge que incluso construían casas para dragones. Las caricaturas publicadas también fueron muy numerosas, como la que mostraba la Pedrera como si se tratara de un garaje para dirigibles u otros artefactos voladores que entraban y salían de los agujeros de su escollo aéreo. Algunos veían semejanzas entre la Pedrera en construcción y las imágenes que se habían publicado en los periódicos sobre los desastres de un terremoto en Andalucía. Gaudí no concibió la Casa Milà como un simple edificio de viviendas. El arquitecto hizo de la Pedrera una obra total que rebasaba el marco de la arquitectura y se adentraba en el de la escultura. La fachada, influida por los inicios fulgurantes del Art Nouveau, está revestida con piedra calcárea, formando unos característicos volúmenes curvos que recuerdan un acantilado marino por la sugerente forma en sinuosos arabescos de los balcones de hierro forjado. La parte inferior de la fachada está construida con piedra del macizo del Garraf y la superior, con piedra calcárea de Vilafranca del Penedès, completamente labrada para conseguir una textura mate. Originalmente, Gaudí pretendió convertir la Pedrera en una alegoría religiosa del Santo Rosario culminando la fachada con un medallón de bronce de unos cuatro metros de altura. Sin embargo, el estallido de la Semana Trágica -una revuelta popular que se alzó en 1909 contra la movilización de reservistas catalanes para luchar en la guerra de Marruecos y durante la que se quemaron numerosas iglesias- convenció al señor Milà de que no era una buena idea construir un edificio de viviendas con una gigantesca virgen, ya que, probablemente, se convertiría en el blanco predilecto de las iras anticlericales, por lo que, con sentido común, optó por cancelar esta parte del proyecto. Hay quien asegura que la disposición interior de la Pedrera procede de los estudios que Gaudí había realizado sobre las fortalezas medievales. Esta hipótesis se ve avalada, en la azotea, por la similitud que presentan las chimeneas en las salidas de las escaleras con "centinelas" con un gran yelmo. El interior, sin embargo, tiene poco de fortaleza. Las pinturas de los techos de los vestíbulos y de los patios interiores son particularmente interesantes. La antigua cochera subterránea, la primera que se construyó bajo tierra en Barcelona, es un espacio semicircular y en pendiente con columnas de hierro forjado y ladrillo que sostienen el edificio (en la actualidad es un auditorio que no está incluido en la visita turística). La esposa del señor Milà, Rosario Segimón, nunca compartió la "devoción" de su marido por Gaudí, pero consintió en vivir entre techos ondulados hasta 1926 cuando, tras la muerte del arquitecto, reformó la planta principal en un estilo Luis XVI mucho más de su gusto. Este espacio es en la actualidad, una vez han sido suprimidas las paredes divisorias, el lugar en el que se exhiben las grandes exposiciones. El Espai Gaudí (Espacio Gaudí) se encuentra en la buhardilla de la Pedrera, donde estaban los lavaderos de la casa y que ahora han recuperado su aspecto original con sencillas bóvedas parabólicas realizadas con ladrillo. Su planta, que años más tarde provocaría la admiración de Le Corbusier, tiene forma de ocho. El elemento principal son los 270 arcos parabólicos, que en ocasiones recuerdan el costillar de un inmenso animal y, a veces, parecen tener forma de palmera. La recuperación de este espacio ha supuesto la eliminación de los trece apartamentos construidos en 1953, que, por otra parte, no estaban exentos de mérito arquitectónico. Cuando la buhardilla recuperó su estado original, se comprobó que la ubicación designada por Gaudí para las ventanitas, distribuidas en diferentes niveles, había sido muy precisa con el fin de que entrase suficiente luz en todo el espacio y de que circulara constantemente el aire, ya que en la buhardilla también se tendía la ropa. Actualmente, el Espacio Gaudí explica, mediante una serie de dibujos, maquetas, fotografías y audiovisuales, la vida de Gaudí, su contexto histórico y cultural, y los valores artísticos y las innovaciones técnicas de su obra. Desde el Espacio Gaudí se accede a la escalonada azotea de la Pedrera, bautizada por el poeta Pere Gimferrer como el "jardín de los guerreros" por el aspecto de sus chimeneas. La azotea también ha sufrido una restauración radical: sólo se han conservado las chimeneas que son originales de Gaudí. La restauración ha devuelto el esplendor a las chimeneas y a los huecos de escalera revestidos con fragmentos de mármol y trencadís de azulejo. La chimenea, coronada con capillitas de vidrio -que, según se ha dicho, realizó Gaudí al día siguiente de la inauguración del edificio aprovechando las botellas vacías de la fiesta-, se restauró con bases de botellas de champán de principios de siglo XX. El trabajo de los restauradores ha permitido recuperar la fuerza original del voladizo de piedra de Ulldecona, con fragmentos de baldosas. El conjunto tiene más color que la fachada, aunque aquí dominan las tonalidades cremosas. Desde la azotea de la Pedrera podemos ver otra perspectiva de los patios interiores y, en el horizonte del paisaje urbano, las torres de la Sagrada Família. La última etapa de la visita es "El Piso de la Pedrera", un espacio que ayuda a conocer los elementos clave del interiorismo de Gaudí y explica la vida cotidiana de una familia burguesa de la Barcelona de principios del siglo XX. En casi 600 metros cuadrados -dos de las antiguas viviendas de la Pedrera- se encuentra la reconstrucción de una vivienda de la época en la que no faltan ni el despacho, ni los antiguos cuartos de baño ni las austeras habitaciones para el servicio doméstico. La Casa Milà fue declarada por la UNESCO Bien Cultural del Patrimonio Mundial en 1984. Curiosamente, en esa época el aspecto de la Casa Milà era deplorable. La fachada había adquirido un sucio tono marrón oscuro, los frescos del vestíbulo estaban muy deteriorados, la planta principal se había transformado en un bingo y los escaparates de las tiendas de la planta baja no respetaban las curvas de las aberturas originales. En 1986 CAIXA CATALUNYA adquirió el edificio e inició su restauración y rehabilitación, que se ha prolongado durante diez años. En 1996 se abrió al público como centro cultural, convirtiéndose rápidamente en uno de los espacios culturales de referencia en la ciudad de Barcelona. Actualmente La Pedrera es la sede de Fundación Cataluña-La Pedrera, y es donde se encuentran los diferentes departamentos de la Fundación.