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Ruta del Modernismo de Barcelona
Ruta 2, Antiga Casa Figueras (15) – Casa Fajol (33) y Font Exposició 1929
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Sagnier diseñó un edificio con cierto aire gótico en el que destacan el gran ventanal central, los mosaicos azulados y el arco apuntado de la entrada, con un magnífico relieve de Esculapio que recuerda el destino original del inmueble. Casi al lado de la añeja farmacia se halla la ANTIGA CASA FIGUERAS (15) (ANTIGUA CASA FIGUERAS. Rambla, 83), actualmente Pastelería Escribà, de recargada decoración modernista, obra de Antoni Ros i Güell (1902), en la que abundan los mosaicos, los estucados de yeso, los hierros forjados, las vidrieras y el mobiliario de madera de color chocolate.

No es preciso caminar demasiado para encontrar el MERCAT DE LA BOQUERIA (16) (MERCADO DE LA BOQUERIA. Rambla, 91), el más célebre y antiguo de la ciudad. Más o menos en el mismo lugar que ocupa el actual mercado, se instalaba desde la época medieval un mercado al aire libre en el que los agricultores de lo que hoy es el Raval vendían sus productos a los habitantes de la ciudad amurallada. El actual mercado, famoso por la calidad de sus mercancías, está ubicado en el antiguo solar del convento de los Carmelites Descalços de Sant Josep, incendiado en julio de 1835. El mercado se erigió cinco años después, en 1840, como una gran plaza porticada con columnas jónicas en la que los diferentes mercaderes ambulantes de la ciudad podían ofrecer sus productos. En 1914 se instaló la vistosa cubierta metálica diseñada por el ingeniero Miquel de Bergue, que le confiere su imagen característica. El mercado y sus alrededores han sido restaurados en los últimos años con el objetivo de devolverles el aspecto que tenían a principios del siglo XX. La Boqueria preside el tramo central de la Rambla, quizás el más colorista y exuberante, denominado Rambla de les Flors por los puestos en los que se venden flores durante todo el año desde el día del Corpus de 1853.

A pocos metros de la Boqueria se encuentra el PALAU DE LA VIRREINA (PALACIO DE LA VIRREINA. Rambla, 99), construido por Josep Ausich entre 1772 y 1778 por encargo del antiguo virrey de Perú, Manuel Amat i Junyent. El virrey nunca llegó a disfrutar del edificio, ya que murió antes de que estuviese acabado. La que sí lo hizo fue su viuda, la virreina, María Francisca Fivaller, que, con los años, dio nombre al palacio. El Ayuntamiento lo adquirió en 1944 y a finales de los años ochenta del siglo pasado fue transformado en la sede del área municipal de Cultura. El edificio es un buen ejemplo de la influencia francesa en los arquitectos del siglo XVIII. Su poderosa fachada clásica, suntuosa y barroca, conjuga a la perfección con una afrancesada ornamentación rococó interior que tiene su mejor exponente en el comedor, abovedado y adornado con pinturas alegóricas. El resto de los salones del edificio han conservado su decoración antigua, de estilo imperio. La planta baja, donde antaño se agrupaban los amanuenses que escribían cartas a quienes no sabían escribir, alberga actualmente una librería y una oficina de información al ciudadano. En los bajos del edificio contiguo, en el número 97, se encuentra una veterana tienda musical, CASA BEETHOVEN, fundada en 1880 por el editor musical Rafael Guàrdia.

Rambla arriba se encuentra uno de los edificios románticos más bonitos de la ciudad, la CASA FRANCESC PIÑA (Rambla, 105), también conocida como "el regulador" por la antigua relojería que ocupa la planta baja, en la actualidad Joyería Bagués. Este edificio de Josep Fontserè (1850) destaca por su fachada de terracota pintada de blanco sobre un estuco de color rosa en la que resaltan especialmente las falsas columnas con capiteles y los bajorrelieves decorativos de los pisos superiores.

En la esquina con la calle Carme, encontramos la ESGLÉSIA DE BETLEM (IGLESIA DE BETLEM. Rambla, 107). Esta iglesia, construida entre 1680 y 1732 por Josep Juli, es una de las escasas muestras de arte barroco de Barcelona. Ahora bien, la estructura del templo es fiel a los cánones del gótico catalán y presenta una única y espaciosa nave flanqueada por diferentes capillas. Una de las puertas que dan a la Rambla, en la que aparece el Niño Jesús, es obra de Francesc Santacruz, la otra, posterior, que data de 1906, con Sant Joanet (san Juan Bautista), es de Enric Sagnier, que se basó en la anterior. El interior que se puede contemplar hoy carece de la suntuosidad que caracterizó al templo hasta la Guerra Civil, cuando sus policromías, tallas, estucados italianos y mármoles sufrieron un deterioro irreparable. Desde 1952, la iglesia alberga una imagen de la Virgen de los Desamparados, de Mariano Benlliure. En la acera opuesta se encuentra el PALAU MOJA (PALACIO MOJA. Rambla, 118), una antigua propiedad de los marqueses de Comillas construida entre 1774 y 1789 por los hermanos Mas i Dordal. La larga fachada de este palacio, decorada con entrepaños ocres y rojizos, se alza sobre un pórtico y está rematada por un sencillo frontón central. El edificio, decorado con pinturas del pintor neoclásico Francesc Pla, "el Vigatà", conserva buena parte del mobiliario original, así como la habitación en la que vivió el "poeta nacional" catalán y protegido de los marqueses de Comillas, Jacint Verdaguer. La familia Comillas estaba emparentada con la familia Güell y también requirieron los servicios de Antoni Gaudí, que conoció a Verdaguer y en alguna ocasión -como en los Pabellones Güell, punto (90) de la Ruta del Modernismo- se inspiró en su poesía. El palacio alberga actualmente unas dependencias del Departamento de Cultura de la Generalitat. En lo que fueron sus jardines se instalaron en 1935 los populares almacenes SEPU, hoy ya desaparecidos.

Una pequeña desviación de la ruta principal nos conducirá por la calle Carme, que "oculta" dos pequeños tesoros modernistas a escasos metros de la Rambla: los populares almacenes EL INDIO (17) (Carme, 24), decorados en 1922 por Vilaró i Valls, según el más puro estilo modernista y, un poco más adelante, el bar MUY BUENAS (18) (Carme, 63), un local que luce una fachada modernista de madera y conserva buena parte de su mobiliario original, como la antigua barra de mármol, de más de un siglo de antigüedad (para más información véase Salimos, guía de bares y restaurantes modernistas).
La Ruta prosigue por la Rambla, conocida a esta altura como la "rambla dels ocells" (rambla de los pájaros), por los puestos de venta de animales. De camino a la plaza de Catalunya, la Ruta cuenta con dos citas ineludibles. La primera es la REIAL ACADÈMIA DE CIÈNCIES I ARTS (19) (REAL ACADEMIA DE CIENCIAS Y ARTES. Rambla, 115), construida en 1883 por Josep Domènech i Estapà sobre las ruinas de un antiguo colegio jesuita. El edificio, pionero en el uso de recursos ornamentales y estilísticos que tanto éxito cosecharían años más tarde con el Modernismo, alberga actualmente, aparte de la academia, el Teatro Poliorama y el Restaurante Viena, antigua Casa Mumbrú, y tiene su principal signo de identidad en el reloj que preside la fachada y del que popularmente se dice que marca la hora oficial de Barcelona. Otros elementos de interés de la fachada son la elegante tribuna, el cimborio y la torre con cúpula que coronan el edificio y que originalmente era un observatorio meteorológico y astronómico. La segunda cita en esta zona de la Rambla es la FARMÀCIA NADAL (Rambla, 121), inaugurada en 1850 como Farmacia Masó, que incorpora elementos escultóricos, cerámicos y esgrafiados de diseño propios del Noucentisme (movimiento neoclásico postmodernista).

Tras cruzar la Rambla, nos encontramos con las calles Canuda y Santa Anna. Si entramos por Santa Anna, podemos ver la CASA ELENA CASTELLANO (20) (Santa Anna, 21), un edificio de 1907 de Jaume Torres i Grau en el que destacan las dos tribunas superpuestas y la ornamentación floral de la fachada, típicamente modernista. Volviendo a la calle Canuda, a pocos metros, encontramos el antiguo PALAU SABASSONA (PALACIO SABASSONA), de origen medieval. El inmueble es la sede, desde 1836, del ATENEU BARCELONÈS (21) (ATENEO BARCELONÉS. Canuda, 6), una de las entidades culturales más emblemáticas de la ciudad. Algunos aspectos de la reforma de 1906, de los arquitectos Josep M. Jujol i Gibert y Josep Font i Gumà, todavía se conservan. Hay que destacar tres pequeñas joyas modernistas: la cabina del ascensor, uno de los primeros que se instalaron en la ciudad; las salas de lectura de la biblioteca; y el jardín suspendido, de reminiscencias románticas. Continuando por la calle Canuda se llega a la plaza de la Vila de Madrid, en la que se pueden contemplar los restos de una necrópolis romana descubierta en 1954 durante las obras de urbanización del solar del antiguo convento de las Carmelites Descalces, demolido tras la Guerra Civil. La plaza, reformada en el año 2003, se encuentra sobre una antigua vía de acceso a Barcino, la ciudad romana, y todavía puede verse un pequeño fragmento del pavimento original. La vía esta flanqueada por los restos de monumentos funerarios monolíticos y por algunas modestas tegulae. La calle Canuda desemboca en la avenida del Portal de l'Àngel. A unos metros, veremos el edificio de CATALANA DE GAS, GAS NATURAL (22) (Portal de l’Àngel, 20-22), una monumental y ecléctica obra de Josep Domènech i Estapà (1895). El edificio, construido por encargo de la Sociedad Catalana para el Alumbrado del Gas, alberga un interesante Museo del Gas en el que se exhiben diferentes aparatos que muestran la evolución experimentada por el uso de esta fuente de energía (visitas concertadas, tel.: 900 150 366).

Retrocedemos un poco por Portal de l'Àngel hasta la pequeña calle Montsió, en la que encontramos la popular cervecería modernista ELS QUATRE GATS (23) (Montsió, 3 bis; para más información véase Salimos, guía de bares y restaurantes modernistas). Esta antigua taberna fue uno de los epicentros artísticos y culturales de la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Ramon Casas, Santiago Rusiñol y Pablo Picasso son algunos de los ilustres personajes que comieron y bebieron en este peculiar cenáculo, inaugurado en 1897 en los bajos de la neogótica CASA MARTÍ (1895-1896), de Josep Puig i Cadafalch. El edificio, de aire más europeo que catalán, destaca por sus grandes ventanales ojivales con vidrieras policromadas y por la curiosa ornamentación de las ventanas y del balcón flamígero. El exterior también luce esculturas de Eusebi Arnau, hierros forjados de Manuel Ballarín y, en la peana de la esquina, la estatua Sant Josep, de Llimona. La que se puede ver ahora es una reproducción de la original, que fue destrozada durante la Guerra Civil y recuperada por el Ayuntamiento en el año 2000. El interior es espectacular: Ramon Casas pagó de su propio bolsillo las arañas de lámparas circulares y el mobiliario medieval diseñado por Puig i Cadafalch. Otro de sus "regalos" fue la pintura en la que dos hombres, Pere Romeu -el dueño de la cervecería- y él mismo, aparecen pedaleando en un tándem; actualmente la que se halla en el establecimiento es una copia, puesto que el original se encuentra en el MNAC (punto (34) de la Ruta del Modernismo). El local, que publicó su propia revista (Pèl & Ploma), se convirtió en refugio de artistas e intelectuales, como los compositores Enric Granados e Isaac Albéniz o los jóvenes pintores Joaquim Mir y Pablo Picasso. Desgraciadamente, el edificio no se conserva de forma íntegra. El dintel original de la puerta, obra de Puig i Cadafalch, desapareció en una de las reformas que el local ha sufrido en su más que centenaria vida.

Seguimos unos metros hasta la calle n'Amargós, que desemboca en la calle Comtal y nos lleva a la Via Laietana, una amplia avenida proyectada en la segunda mitad del siglo XIX para abrir un acceso al puerto, e inspirada en los modelos norteamericanos de centros de negocios de entonces. La urbanización de esta vía se prolongó durante algunas décadas y en ella pudieron participar los protagonistas del Modernismo, como Domènech i Montaner y, sobre todo, Josep Puig i Cadafalch.

Subimos un poco por la Via Laietana y vislumbramos el edificio del GREMI DELS VELERS (GREMIO DE LOS TEJEDORES DE VELOS. Via Laietana, 50), sede gremial de los fabricantes de seda desde 1764. Se trata de un magnifico edificio barroco decorado con esgrafiados que representan figuras de atlantes y cariátides. Escondido tras este edificio, encontramos una de las joyas imprescindibles del Modernismo de Barcelona: el PALAU DE LA MÚSICA CATALANA (24). (PALACIO DE LA MÚSICA CATALANA). El Palau de la Música es un encargo que el Orfeó Català realizó en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera piedra del nuevo edificio se colocó el día de Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres años. El resultado fue una suntuosa sala de conciertos que estaba llamada a ser el hogar de la música coral catalana.

Palau de la Música Catalana

Dirección
Palau de la Música, 4 - 6.
Horario
Visitas guiadas:

Todos los días de 10 a 15.30 h.

Agosto de 9 a 20h.

Julio y Semana Santa de 10 a 18h.

Posibilidad de comprar entradas con antelación por internet www.palaumusica.cat o por teléfono (tel. 902 475 485).
Información
Tel.: 902 475 485

www.palaumusica.cat

visites@palaumusica.cat
Observaciones
Las visitas tienen una duración de 50 minutos.Venta de entradas en la tienda Les Muses del Palau y en las taquillas del Palau de la Música. Plazas limitadas: 55 personas por visita. Las visitas que coinciden con la hora en punto se realizan en inglés, y las que empiezan a la media, en castellano o catalán. Los horarios de visitas podrán sufrir variaciones o anulaciones según la disponibilidad de la sala de conciertos, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Precios y descuentos
Precios.

Adultos: 18,00 €

Estudiantes: 11,00 €

Grupos (+ 25 personas): 14,40 €

Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos.
Descripción
PALACIO DE LA MÚSICA CATALANA). El Palau de la Música es un encargo que el Orfeó Català realizó en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera piedra del nuevo edificio se colocó el día de Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres años. El resultado fue una suntuosa sala de conciertos que estaba llamada a ser el hogar de la música coral catalana. El edificio se erige sobre el solar del antiguo convento de Sant Francesc de Paula. La reducida superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes en la época obligaron a Domènech i Montaner a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles estrechas que limitan su contemplación global desde el exterior y a ingeniárselas para que la caja del escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.

La iglesia del antiguo convento, reconvertida en parroquia, sobrevivió hasta que fue demolida para emprender una ampliación. La intervención, firmada por Oscar Tusquets (2003), consistió en la construcción en el solar de la antigua iglesia de una plaza que deja a la vista la inmensa vidriera original de Domènech que antes quedaba escondida en el patio interior que había entre la iglesia y el Palau. La vidriera ha sido flanqueada por dos torres de ladrillo visto, la de la esquina muestra relieves que representan un frondoso árbol esculpido en ladrillo, motivos vegetales inspirados en Domènech i Montaner. En el subsuelo de la gran plaza se ha construido el Petit Palau, una nueva sala polivalente con capacidad para seiscientas personas.

El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo catalán por su arquitectura brillante, atrevida y suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero no fue siempre así: el Palau de la Música fue una de las últimas extravagancias del Modernismo y, ya en los años veinte, empezó a ser cuestionado hasta el punto de que los vecinos lo llamaban "el palau de la quincalleria" (el palacio de la quincallería) y los arquitectos de la época abogaban por su demolición. Afortunadamente, nunca consiguieron su propósito y el Palau se ha conservado, convirtiéndose en una institución emblemática íntimamente ligada a la memoria colectiva de los barceloneses.

El Palau de la Música Catalana fue inaugurado en 1908 con un breve concierto en el que se interpretaron piezas de Clavé y Händel. La fachada proyectada por Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses: de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización de revestimientos de mosaico cerámico, está presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa una alegoría de la música popular. Es una obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge (Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando al viento. La fachada también cuenta con un mosaico que representa "La balanguera" del poema de Joan Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-, rodeada de los cantantes del Orfeó Català. Otro punto de interés del exterior del Palau son las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas continúan en el interior: el recargado vestíbulo, las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo de la
auténtica joya del edificio.

En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos y elementos decorativos que juegan, constantemente, con la percepción de la luz y el color. La imagen más famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa un coro de ángeles femeninos rodeando al sol. La obsesión por la luz de Domènech i Montaner no se limita a la claraboya: diseñó la sala con una liviana estructura de acero creando una especie de caja de cristal que filtra la luz exterior a través de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las catedrales góticas y confieren cierto aire sacro al auditorio. El escenario de la sala es, sin duda alguna, la escultura más espectacular del Palau. El proscenio acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez diseñado por Domènech i Montaner pero labrado por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda, el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé y una alegoría de las flores de mayo, que representan la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven personifica la música universal. Por encima del busto de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé, simbolizando la relación de la nueva música con la antigua cultura musical popular catalana. El escenario se completa con un espectacular órgano de factura alemana (restaurado en el año 2004 gracias a una campaña de suscripción ciudadana) y el hemiciclo, diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís, en el que destacan las dieciocho esculturas que representan los espíritus de la música y un sorprendente escudo de Austria. Una balconada y una columnata de influencia egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva de la sala, verdadero santuario de la música, en la que han actuado intérpretes de la categoría de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y las lámparas de aire medieval, más propias de un castillo que de una sala de conciertos. Otros espacios del edificio dignos de atención son la sala de música de cámara, en la que todavía se puede contemplar la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís Millet, quizás la estancia que se conserva más fiel al proyecto original de Domènech i Montaner.

El edificio se erige sobre el solar del antiguo convento de Sant Francesc de Paula. La reducida superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes en la época obligaron a Domènech i Montaner a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles estrechas que limitan su contemplación global desde el exterior y a ingeniárselas para que la caja del escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.

La iglesia del antiguo convento, reconvertida en parroquia, sobrevivió hasta que fue demolida para emprender una ampliación. La intervención, firmada por Oscar Tusquets (2003), consistió en la construcción en el solar de la antigua iglesia de una plaza que deja a la vista la inmensa vidriera original de Domènech que antes quedaba escondida en el patio interior que había entre la iglesia y el Palau. La vidriera ha sido flanqueada por dos torres de ladrillo visto, la de la esquina muestra relieves que representan un frondoso árbol esculpido en ladrillo, motivos vegetales inspirados en Domènech i Montaner. En el subsuelo de la gran plaza se ha construido el Petit Palau, una nueva sala polivalente con capacidad para seiscientas personas.

El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo catalán por su arquitectura brillante, atrevida y suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero no fue siempre así: el Palau de la Música fue una de las últimas extravagancias del Modernismo y, ya en los años veinte, empezó a ser cuestionado hasta el punto de que los vecinos lo llamaban "el palau de la quincalleria" (el palacio de la quincallería) y los arquitectos de la época abogaban por su demolición. Afortunadamente, nunca consiguieron su propósito y el Palau se ha conservado, convirtiéndose en una institución emblemática íntimamente ligada a la memoria colectiva de los barceloneses.

El Palau de la Música Catalana fue inaugurado en 1908 con un breve concierto en el que se interpretaron piezas de Clavé y Händel. La fachada proyectada por Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses: de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización de revestimientos de mosaico cerámico, está presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa una alegoría de la música popular. Es una obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge (Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando al viento. La fachada también cuenta con un mosaico que representa "La balanguera" del poema de Joan Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-, rodeada de los cantantes del Orfeó Català. Otro punto de interés del exterior del Palau son las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas continúan en el interior: el recargado vestíbulo, las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo de la
auténtica joya del edificio.

En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos y elementos decorativos que juegan, constantemente, con la percepción de la luz y el color. La imagen más famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa un coro de ángeles femeninos rodeando al sol. La obsesión por la luz de Domènech i Montaner no se limita a la claraboya: diseñó la sala con una liviana estructura de acero creando una especie de caja de cristal que filtra la luz exterior a través de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las catedrales góticas y confieren cierto aire sacro al auditorio. El escenario de la sala es, sin duda alguna, la escultura más espectacular del Palau. El proscenio acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez diseñado por Domènech i Montaner pero labrado por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda, el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé y una alegoría de las flores de mayo, que representan la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven personifica la música universal. Por encima del busto de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé, simbolizando la relación de la nueva música con la antigua cultura musical popular catalana. El escenario se completa con un espectacular órgano de factura alemana (restaurado en el año 2004 gracias a una campaña de suscripción ciudadana) y el hemiciclo, diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís, en el que destacan las dieciocho esculturas que representan los espíritus de la música y un sorprendente escudo de Austria. Una balconada y una columnata de influencia egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva de la sala, verdadero santuario de la música, en la que han actuado intérpretes de la categoría de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y las lámparas de aire medieval, más propias de un castillo que de una sala de conciertos. Otros espacios del edificio dignos de atención son la sala de música de cámara, en la que todavía se puede contemplar la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís Millet, quizás la estancia que se conserva más fiel al proyecto original de Domènech i Montaner.

Rodeando el Palau por las calles Amadeu Vives y Ortigosa, volvemos a la Via Laietana. Ante nosotros encontraremos un edificio de forma triangular, denominado CAIXA DE PENSIONS I D’ESTALVIS DE BARCELONA (Via Laietana, 56-58), porque fue la antigua sede de la actual Fundación "la Caixa", y que ahora acoge una sala del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Esta obra neomedieval (Enric Sagnier, 1917) luce en su fachada una escultura de Manuel Fuxà, concebida como una alegoría del ahorro, y un espectacular arco ojival cerrado con vidrieras policromadas. Separado de éste por la calle Jonqueres se encuentra el EDIFICI ANNEX DE LA CAIXA DE PENSIONS (EDIFICIO ANEXO DE LA CAIXA DE PENSIONS. Jonqueres, 2), también diseñado por Sagnier, en el que el arquitecto insistió en el uso de piedra blanca, decorada con azulejos. No obstante, ya se advierten unas líneas más modernas, más cercanas a los actuales edificios de oficinas, ya que, de hecho, es uno de los primeros ejemplos de este tipo de edificios en nuestra ciudad.

Cruzamos la Via Laietana y torcemos a la derecha, camino de la plaza de Urquinaona. Desde esta plaza, la Ruta sigue a la izquierda camino de la plaza de Catalunya, centro neurálgico de la ciudad. La construcción de esta monumental plaza circular se inició en 1925 tras medio siglo de diferentes litigios entre el Ayuntamiento, el Estado y los propietarios particulares de los terrenos que durante años fueron la frontera entre la antigua ciudad amurallada y la nueva urbe que se expandía por el llano. El diseño definitivo de la plaza fue firmado por Francesc de Paula Nebot, que se limitó a transformar un proyecto de Puig i Cadafalch, que, por aquel entonces, se veía condenado al ostracismo por el régimen militar de Primo de Rivera. Precisamente podemos observar en la plaza, en la esquina con Rambla de Catalunya, una obra de Josep Puig i Cadafalch realizada en 1921 según los cánones del clasicismo moderno: la CASA PICH I PON (plaza de Catalunya, 9). La plaza de Catalunya marca el inicio del paseo de Gràcia y del Eixample, el auténtico hábitat del Modernismo barcelonés. En el centro de la plaza se encuentra la Oficina de Información de Turismo de Barcelona, punto de inicio de los itinerarios Walking Tours Modernismo y sede de uno de los Centros del Modernismo de Barcelona. El Centro, en el que con esta guía se pueden obtener gratuitamente los vales de descuento de la Ruta del Modernismo, está especializado en información sobre este movimiento y en la tienda adyacente se pueden comprar productos relacionados con el mismo.

Centre d’Informació de Turisme de Barcelona - Centre del Modernisme



Barcelona Walking Tours

Dirección
Centro de Información de Turismo de Barcelona. Pl. de Catalunya, 17, sótano.
Horario
Itinerarios Barcelona Walking Tours Modernismo: 

Inglés:

De abril a octubre, miércoles y viernes a las 18h.

De noviembre a marzo, miércoles y viernes a las 15.30h.

Francés:

De abril a octubre los domingos a las 10.30h.

Catalán y castellano:

De abril a octubre domingos a las 12h.

El 1/1, 6/1, 14/4, 1/11, 6/12 y 8/12 no se realizan itinerarios. Centro de Información de Turismo de Barcelona: de lunes a domingo de 8.30 a 20.30 horas. Cerrado el 1 de enero y el 25 de diciembre.
Información
Tel.: 932 853 832. www.barcelonaturisme.com
Precios y descuento
Precios:

Adultos: 16,00 €.

Niños (de 0 a 12 años): gratuito.

Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos.

El paseo de Gràcia es la columna vertebral del Eixample. Se trata de un bulevar en el que se mezclan casas particulares, oficinas y bancos, cines, establecimientos de prestigio, cafés y buena parte de las joyas del Modernismo. Antiguamente, el paseo era un simple camino de tierra que comunicaba las murallas de Barcelona con la vecina villa de Gràcia. Una condición que empezó a cambiar en 1827, cuando se convirtió en un paseo arbolado. En 1852 el paseo estrenó las primeras farolas de gas, y en 1853 se inauguraron, en el tramo comprendido entre las actuales calles Aragó y Mallorca, los Camps Elisis, una amplia zona de ocio que contaba con jardines, cantinas, merenderos, salas de fiesta, montañas rusas y un auditorio al aire libre. En 1872 se instaló la primera línea de tranvías de caballos y a partir de 1890 se convirtió en el nuevo centro residencial de la alta burguesía.

L’Eixample
La Barcelona del Eixample empezó a gestarse a mediados del siglo XIX. En 1854, la ciudad consiguió la necesaria autorización gubernamental para derribar las murallas que rodeaban Barcelona. La murallas, poco queridas por los barceloneses porque después de 1714 habían sido usadas para controlar y reprimir la ciudad más que para defenderla, se alzaban ocupando lo que hoy son la avenida del Paral·lel y las rondas de Sant Pau, de Sant Antoni, de la Universitat, de Sant Pere y el paseo de Lluís Companys. Sin embargo, y pese a las cuadrillas de voluntarios que se sumaron con entusiasmo a picar piedra, las odiadas murallas no cayeron inmediatamente. Su demolición duró casi diez años y fue llevada a cabo a conciencia. Cuatro años después, en 1859, con las murallas a medio derruir, se inició la urbanización de la zona comprendida entre la Barcelona vieja y el llano en el que se encontraban los antiguos municipios de Gràcia, Sants, Les Corts, Sant Gervasi de Cassoles y Sant Martí de Provençals. Esta zona inicial del Eixample coincidía con la zona de seguridad militar de dos kilómetros (la distancia de alcance de los proyectiles de cañón) que rodeaba las murallas de la ciudad.

El Eixample se caracteriza por su trama urbana en forma de cuadrícula, diseñada por el ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà en 1859. El diseño de Cerdà recordaba ligeramente al París que Haussman diseñó para Napoleón III, con amplios bulevares que cortaban literalmente el centro antiguo de la capital francesa. La principal diferencia era que a Cerdà no le hacía falta esponjar núcleo urbano alguno. Se enfrentaba a una extensa zona de campo abierto, un auténtico sueño para cualquier urbanista. Cerdà, hombre de inspiración socialista, ideó una cuadrícula urbana en la que cada bloque representara la sociedad y permitiera la convivencia de burgueses, artesanos, comerciantes y obreros en una ciudad sin jerarquías. Sin embargo, este ideal de Cerdà nunca pasó de ser una utopía. Las leyes inmobiliarias hicieron que, rápidamente, unas zonas del Eixample fueran más caras y exclusivas que otras. La frontera la marcaba la línea de ferrocarril que, desde 1863, unía la plaza de Catalunya y el pueblo de Sarrià por la actual calle Balmes (soterrada en 1929, y que actualmente recorren las líneas U6 y U7 de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya). A la izquierda de las vías el terreno era más barato; a la derecha, mucho más caro. La arquitectura modernista, al servicio de la vanidad de la floreciente burguesía del momento, se concentra mayoritariamente, por lo tanto, en el barrio denominado Dreta del Eixample (derecha del Eixample).

Esta divergencia entre el proyecto de Cerdà y la realidad no es la única que ha vivido el Eixample. Cerdà proyectó 550 manzanas separadas por calles de veinte metros: manzanas abiertas con amplios jardines interiores, con las esquinas recortadas en chaflanes de 45 grados. La función de los chaflanes era dejar espacio suficiente de giro a los vehículos de transporte público y crear un lugar para la carga y descarga de mercancías. Pero, con excepción de los chaflanes, ninguna de las previsiones originales se ha cumplido. Las manzanas actuales están cerradas y los patios con jardín del interior de las manzanas han desaparecido casi por completo, ocupados por almacenes o garajes. Tampoco fueron respetados ni los diecisiete metros de altura máxima ni los 4.000 m2 de superficie edificable previstos por Cerdà. Los promotores inmobiliarios se saltaron la previsión del urbanista y elevaron la superficie edificable hasta los 16.000 m2.

La construcción del nuevo barrio proyectado por Cerdà, iniciada en 1860, fue lenta y discontinua. Los primeros edificios del Eixample fueron los que ocuparon las cuatro esquinas de la confluencia de la calle Roger de Llúria y Consell de Cent (hoy tres de ellos aún permanecen en pie). En 1872, tan sólo había unas mil viviendas concentradas casi exclusivamente en la zona comprendida entre el paseo de Gràcia y las calles Consell de Cent, Casp y Bailèn. Unas mil casas en las que vivían los primeros 40.000 habitantes de un barrio, el Eixample, que no empezó a crecer de forma sostenida hasta 1880, cuando una nueva generación de arquitectos, más ambiciosa y con más talento que sus predecesores, lideró la construcción del Eixample. Estos arquitectos (con Gaudí, Puig i Cadafalch y Domènech i Montaner a la cabeza) convirtieron el Eixample en un auténtico museo al aire libre construyendo viviendas ventiladas, soleadas y bien distribuidas, lo que ahora denominaríamos como funcionales. En pocas palabras, las casas del Eixample fueron las casas más modernas de los albores del siglo XX, y pese a las alteraciones del proyecto de Cerdà, el Eixample es hoy una de las áreas más interesantes de Europa. En los últimos años se han recuperado algunos interiores de manzana por iniciativa del Ayuntamiento.


Su carácter de zona acomodada se pone de manifiesto en uno de los elementos más singulares del paseo: sus 31 bancos-farolas, proyectados en 1906 por Pere Falqués (55) y que actualmente pasan un poco desapercibidos entre el mobiliario urbano y la marea de tráfico que invade diariamente el paseo de Gràcia. Otro de los elementos característicos son los panots (baldosas) de la acera, copia de las baldosas diseñadas por Gaudí, concebidas para el suelo de la Casa Batlló y que, finalmente, fueron instaladas en las cocinas de los pisos de la Pedrera. En el año 2002, el Ayuntamiento pavimentó el paseo de Gràcia con estos panots, unas losetas hexagonales idénticas, monocromas, en las que se descubren motivos marinos cuando son contempladas en conjuntos de seis piezas: un pulpo, un caracol y una estrella de mar. La baldosa original, producida por la empresa Escofet, fue uno de los primeros pavimentos decorados proyectados para ser producidos en serie.

Las maravillas arquitectónicas del paseo de Gràcia comienzan casi desde su inicio con la CASA PASCUAL I PONS (25) (paseo de Gràcia, 2-4), (al cerrar esta edición se iniciaba su restauración), la obra más gótica de Enric Sagnier i Villavecchia, uno de los arquitectos más prolíficos del Modernismo barcelonés. El principal interés del edificio está en su interior: unas vidrieras emplomadas que representan unos personajes medievales, visibles desde el exterior; la escalera con ornamentos escultóricos y lámparas de hierro y cristal; y una noble chimenea de madera. La Casa Pascual i Pons, construida en 1890-1891, estaba compuesta originariamente por dos casas independientes concebidas de forma unitaria para explotar su excepcional situación urbanística, en la esquina de la plaza de Catalunya con el paseo de Gràcia. El conjunto fue reformado profundamente en 1984. Seguimos por el paseo de Gràcia hasta la calle Casp, por donde merece la pena desviarse unos minutos.

El primer inmueble destacable que nos sale al paso en este tramo de la Ruta es la modernista CASA LLORENÇ CAMPRUBÍ (26) (Casp, 22), obra de Adolf Ruiz i Casamitjana (1901). Con una extraordinaria tribuna que ocupa el principal y el primer piso de la finca, la Casa Camprubí es un buen ejemplo de la obra de Ruiz de finales de siglo, una época en la que este arquitecto realizó una interpretación muy personal de un amplio repertorio de formas y elementos neogóticos. La siguiente cita de nuestra desviación por la calle Casp es la CASA SALVADÓ (Casp, 46), una alternativa ecléctica de Juli Batllevell construida en un momento (1904) y en una zona de la ciudad dominados por el Modernismo. En el portal contiguo se encuentra la CASA CALVET (27) (Casp, 48), obra de Antoni Gaudí. El arquitecto inició su primer edificio de viviendas en 1898, en pleno Eixample y según una línea que fue ampliamente seguida por autores de otras casas con profusión de elementos barrocos o rococós, como las formas onduladas y el peculiar tratamiento de la irregular superficie de piedra arenisca de Montjuïc, los balcones o las tribunas. En la Casa Calvet, Gaudí dio un tratamiento diferenciado a cada uno de los elementos que conforman el edificio. La fachada está presidida por una tribuna barroca con barandillas de hierro forjado y relieves que representan diferentes tipos de setas en homenaje a la afición a la micología de Eduard Calvet, el primer propietario del inmueble. La decoración de la tribuna incluye un escudo de Cataluña y un ciprés, símbolo de hospitalidad. También merece la pena fijarse en el vestíbulo de la entrada y en el de los bajos, actualmente transformados en el restaurante Casa Calvet (es necesario reservar mesa: tel. 934 124 012. Para más información véase Salimos, guía de bares y restaurantes modernistas). En el interior del restaurante se conserva el mobiliario del despacho original del negocio textil de los Calvet. Entre otras piezas destacan las lámparas, los bancos del recibidor y los bancos de cortesía adosados al muro, las mamparas de madera que separaban los diferentes despachos, los picaportes y las vigas del techo.

De vuelta al paseo de Gràcia, nos encontramos con el edificio de las CASES ROCAMORA (28) (paseo de Gràcia, 6-14). Este edificio es, junto con la Casa de les Punxes, de Puig i Cadafalch, uno de los conjuntos arquitectónicos de mayores dimensiones de todo el Eixample. Contrariamente a lo habitual en la época, su solar no se dividió en diferentes inmuebles, sino que se construyó un único volumen arquitectónico para enfatizar la magnificencia del edificio. La obra, de marcado estilo neogótico, fue firmada en 1914 por los hermanos Bassegoda (Joaquim y Bonaventura), que dedicaron una especial atención al tratamiento de la piedra de la fachada y al singular conjunto de tribunas de la esquina con la calle Casp.

La Ruta prosigue subiendo por el paseo de Gràcia hasta llegar a la Gran Via de les Corts Catalanes, una de las tres arterias viarias que Cerdà diseñó para atravesar y comunicar toda la cuadrícula del Eixample -las otras dos son la Diagonal y la Meridiana-. El cruce con el paseo de Gràcia está presidido por dos edificios singulares pese a no ser modernistas. A la izquierda se halla el PALAU MARCET (PALACIO MARCET. Paseo de Gràcia, 13), un palacio urbano construido en 1887 por Tiberi Sabater que años más tarde, en 1934, fue transformado en un teatro y hoy alberga varias salas de cine. A la derecha se puede contemplar la ondulada y racionalista fachada decorada con paveses de vidrio de la JOIERIA ROCA (JOYERÍA ROCA. Paseo de Gràcia, 18), una tienda diseñada por Josep Lluís Sert en 1934.

Una desviación, a la izquierda, por la Gran Via de les Corts Catalanes en dirección a la plaza de Espanya, nos conduce a varios edificios de interés, pero primero encontramos la ecléctica CASA PIA BATLLÓ (Rambla de Catalunya, 17), un edificio neogótico de Josep Vilaseca (1896) que hace esquina y está rematado por dos torres de cerámica vidriada coronadas con miradores de hierro forjado. Tras haber dejado atrás el monumental cine Coliseum y el edificio neoclásico de la Universidad de Barcelona (Elies Rogent, 1891), podremos observar, en la acera de enfrente, la CASA GERÓNIMO GRANELL (29) (Gran Via de les Corts Catalanes, 582), del arquitecto Gerónimo F. Granell i Barrera, edificio que fue totalmente restaurado en el año 2004 resaltando los elementos modernistas originales de 1902, entre los que destaca la tribuna que rompe de forma deliciosa la simetría de la fachada.

Más adelante, en la esquina con Villarroel, encontramos un CONJUNT DE TRES EDIFICIS (30) (CONJUNTO DE TRES EDIFICIOS. Gran Via de les Corts Catalanes, 536-542; Villarroel, 49-51), modernistas pero de autor desconocido, en el que se encuentra la FARMÀCIA MESTRE que mantiene gran parte de la decoración original de 1903, especialmente en puertas y escaparates. Dos calles más adelante, en la esquina con la calle Comte Borrell, vale la pena dedicar unos instantes a la FARMÀCIA MADROÑAL (Comte Borrell, 133), de 1901, con elementos modernistas.

Muy cerca, en la acera opuesta, encontramos la CASA GOLFERICHS (31) (Gran Via de les Corts Catalanes, 491), un chalé modernista construido en 1901 por Joan Rubió i Bellvé para Macari Golferichs, un comerciante de madera exótica. Convertida después de la Guerra Civil en escuela religiosa, la adquirió, a finales de los sesenta, un promotor privado con la intención de derribarla y construir pisos en su lugar, pero las insistentes protestas vecinales evitaron que "el xalet" (el chalé) -como se la denomina en el barrio- desapareciera por la especulación. En 1980 el Ayuntamiento de Barcelona recuperó la propiedad del inmueble para instalar en él un centro cívico y ha ido realizando varias intervenciones hasta que se completó su restauración en el año 2004.

Siguiendo por la misma acera encontramos la CASA DE LA LACTÀNCIA (32) (Gran Via de les Corts Catalanes, 475-477), un bello edificio de tonos azules con un relieve escultórico que hace referencia al primitivo uso del edificio. La casa, proyectada por Antoni de Falguera i Sivilla y por Pere Falqués i Urpí entre 1908 y 1913, destaca por el patio central decorado con cerámicas y coronado por una claraboya que le da una gran luminosidad.

Llegando a la plaza de Espanya, pasamos por la CASA FAJOL (33) (Llançà, 20), de Josep Graner i Prat (1912), conocida popularmente como "la casa de la papallona" (la casa de la mariposa) por el remate de trencadís que representa una mariposa de descomunales líneas curvas que, sin duda, distingue al edificio.

Por la Gran Via de les Corts llegamos a la plaza de Espanya, punto de confluencia de importantes arterias de la ciudad, y entramos en el distrito de Sants-Montjuïc, una zona de aroma tradicional en la que todavía se respira su pasado industrial y obrero. Quizás por esta razón el Modernismo a duras penas dejó huella en él, excepto en algunos edificios emblemáticos. En medio de la plaza se encuentra la FONT COMMEMORATIVA DE L’EXPOSICIÓ DE 1929 (FUENTE CONMEMORATIVA DE LA EXPOSICIÓN. Plaza de Espanya, s/n), de Josep M. Jujol, la cual, aunque fue construida para adornar la plaza que daba entrada a la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, no se terminó a tiempo. La fuente, considerada de estilo ecléctico, cuenta con grupos escultóricos de Miquel Blay y de los hermanos Miquel y Llucià Oslé.

Subimos al Palau Nacional por la avenida de la Reina Maria Cristina; si dicha avenida estuviera cerrada al público a causa de los actos feriales de la Fira de Barcelona (consúltese llamando al tel. 010), tendremos que subir por la calle Mèxic. Seguimos hacia arriba por ESCALES I EL MIRADOR DEL PALAU NACIONAL, (LAS ESCALERAS Y EL MIRADOR DEL PALACIO NACIONAL), eje central de la exposición de 1929 proyectado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch, con tres plazas dispuestas a diferentes niveles, unidas por los tramos de escalera y por una caída de agua en cascada en el centro siguiendo una cuidada simetría. En la primera plaza se encuentra la FONT MÀGICA (FUENTE MÁGICA), obra del ingeniero Carles Buïgas construida en 1929. La fuente se ganó este apelativo popular ya durante la exposición por el espectacular juego de chorros de agua y luces de colores que aún hoy se puede ver (consúltense los horarios llamando al 010). Subiendo las escaleras llegamos a la plaza del Marquès de Foronda y encontramos, a un lado, el PALAU D’ALFONS XIII (PALACIO DE ALFONS XIII) y, al otro, el PALAU DE LA REINA VICTÒRIA EUGÈNIA (PALACIO DE LA REINA VICTORIA EUGENIA), proyectados en 1918 por Josep Puig i Cadafalch, que fueron pabellones de la Exposición de 1929 y hoy en día lo son de la Fira de Barcelona.

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