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Ruta del Modernismo de Barcelona
Ruta 3, MNAC (34) – Casa Batlló (45)
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La subida acaba en el mirador del PALAU NACIONAL (PALACIO NACIONAL), que fue el edificio principal de la Exposición Internacional de 1929. Este edificio, que se inscribe en el llamado "monumentalismo ecléctico", fue construido entre 1927 y 1929 según el proyecto de Eugeni P. Cendoya y Enric Catà, con la colaboración de Pere Domènech i Roura.

Actualmente es la sede del MUSEU NACIONAL D’ART DE CATALUNYA (MNAC), (34) (MUSEO NACIONAL DE ARTE DE CATALUÑA), que desde el año 2004, una vez finalizadas las obras de rehabilitación del edificio, muestra reunidas todas sus colecciones.
El fondo del MNAC reúne una impresionante muestra de mil años de arte en Cataluña: pintura, escultura, artes decorativas, dibujos y grabados, fotografía, numismática y medallística. Naturalmente incluye una panorámica del arte catalán desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Esta colección modernista, una de las más representativa de este movimiento, convierte al MNAC en el museo barcelonés del Modernismo por excelencia, ya que conserva y muestra lo más destacado de su producción de artes visuales en toda su diversidad: pintura, escultura y artes decorativas.

Por otra parte, la visita del museo es imprescindible para situar la obra de los arquitectos modernistas en el contexto artístico de su época. Porque, si bien es cierto que Gaudí, por ejemplo, frecuentaba poco los cenáculos modernistas, también lo es que mantuvo relaciones de amistad (que produjeron influencias artísticas mutuas) con diversos artistas adscritos a este movimiento, como los escultores Josep Llimona y Carles Mani y también con pintores como Joaquím Mir, Anglada i Camarasa, Francesc Gimeno o Darío de Regoyos, todos ellos representados en las colecciones del museo. Muchas de las obras expuestas nos remiten a lugares del recorrido de la Ruta del Modernismo. Aquí se encuentra, por ejemplo, el original de la obra Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem (1897), del pintor Ramon Casas, que decoraba Els Quatre Gats, donde hemos visto una copia (punto (23) de la Ruta). El rico conjunto de artes decorativas del museo nos permite conocer la decoración interior de las plantas nobles de algunas de las casas más emblemáticas de la arquitectura modernista, como las que conforman la famosa Mansana de la Discòrdia del paseo de Gràcia. Asimismo, este museo muestra diversos elementos del mobiliario de la Casa Amatller (44), como un banco, una vitrina y una lámpara de techo, obra del propio Josep Puig i Cadafalch. De la Casa Batlló (45), se exhiben diversos diseños de Antoni Gaudí, como una puerta corredera, una silla y un sofá muy característico de su estilo. El arquitecto Lluís Domènech i Montaner encargó la decoración interior de la Casa Lleó Morera (43) al mueblista mallorquín Gaspar Homar (1870-1953), uno de los máximos creadores del Modernismo. De la Casa Lleó Morera, el museo conserva la práctica totalidad de la sala de estar y otros elementos del resto de la vivienda, como un sofá con vitrinas laterales y un panel de marquetería. Para completar la visión del arte modernista en Cataluña, el visitante no puede obviar la escultura, con autores como Josep Llimona, Eusebi Arnau y Miquel Blay. También merece la pena conocer las obras de otros artistas y movimientos anteriores (Marià Fortuny y los discípulos de la Escuela de Roma) y posteriores al Modernismo. La segunda generación de autores modernistas, como Joaquim Mir o los autores del período noucentista, Joaquim Sunyer, Joaquim Torres García o Manolo Hugué, entre otros, y la escultura de vanguardia de Gargallo y Juli González son especialmente interesantes.

Bajamos a la plaza de Carles Buïgas y por la avenida del Marquès de Comillas llegamos a CAIXAFORUM - FÀBRICA CASARAMONA (35) (Marquès de Comillas, 6). El industrial Casimir Casaramona decidió instalar su fábrica textil en la montaña de Montjuïc y encargó el proyecto a Josep Puig i Cadafalch (1910-1913). El resultado fue un conjunto típico de arquitectura industrial modernista en el que no faltaban ni las bóvedas catalanas ni la decoración con cerámica o piedra artificial. Ahora bien, Puig i Cadafalch dotó al conjunto de su característico aroma neogótico y de detalles de auténtica personalidad, como por ejemplo los pináculos y las torres de planta cuadrada. La fábrica, el mayor edificio construido por Puig i Cadafalch, cayó en desuso con el paso de los años y, en 1940, se transformó en las caballerizas de la Policía Nacional. En 1998 se iniciaron las obras de rehabilitación para convertir la antigua fábrica en CaixaForum, la nueva sede social y cultural de la Fundación "la Caixa": un centro dinámico y polivalente en el que se llevan a cabo exposiciones, talleres, conferencias, cursos y conciertos, y que ofrece visitas guiadas tanto a las exposiciones como al edificio modernista, entre otras muchas actividades.
CaixaForum. Antiga Fàbrica Casaramona

Dirección
Avinguda Francesc Ferrer i Guàrdia, 6-8.
Horario
Abierto cada día.

De lunes a domingos, y festivos, de 10 a 20 h.

Cerrado los días 25 de diciembre y 1 y 6 de enero.
Información
Tel.: 934 768 600.

www.fundacio.lacaixa.es




Observaciones
Entrada gratuita. Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Descripció
El industrial Casimir Casaramona decidió instalar su fábrica textil en la montaña de Montjuïc y encargó el proyecto a Josep Puig i Cadafalch (1910-1913). El resultado fue un conjunto típico de arquitectura industrial modernista en el que no faltaban ni las bóvedas catalanas ni la decoración con cerámica o piedra artificial. Ahora bien, Puig i Cadafalch dotó al conjunto de su característico aroma neogótico y de detalles de auténtica personalidad, como por ejemplo los pináculos y las torres de planta cuadrada. La fábrica, el mayor edificio construido por Puig i Cadafalch, cayó en desuso con el paso de los años y, en 1940, se transformó en las caballerizas de la Policía Nacional. En 1998 se iniciaron las obras de rehabilitación para convertir la antigua fábrica en CaixaForum, la sede social y cultural de la Obra Social "la Caixa" en Barcelona: un centro dinámico y polivalente en el que se llevan a cabo exposiciones, talleres, conferencias, cursos y conciertos, y que ofrece visitas guiadas tanto a las exposiciones como al edificio modernista, entre otras muchas actividades.
Precios y descuentos
Descuento de la Ruta del Modernismo: 25% de descuento en el precio de la entrada a las exposiciones de CaixaForum.

Siguiendo la Gran Via en dirección a Hospitalet de Llobregat también se encuentra la ESTACIÓ DE LA MAGÒRIA (36) (ESTACIÓN DE LA MAGÒRIA. Gran Via de les Corts Catalanes, 181-247; Moianès, 1-17), construida por Josep Domènech i Estapà en 1912 para los trenes de mercancías que iban al puerto y enlazaban con la línea de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) que transcurre, soterrada, por la Gran Via. El aparcadero de vías y los terrenos colindantes se han transformado en una zona polideportiva. No muy lejos, subiendo por la calle Moianès, se encuentra la calle Creu Coberta, donde podemos ver dos ejemplos notables del Modernismo en sus primeros tiempos. A la derecha, encontramos el MERCAT D’HOSTAFRANCS (37) (MERCADO DE HOSTAFRANCS. Creu Coberta, 93), realizado en 1888 por Antoni Rovira i Trías, el mismo ingeniero del Mercado de Sant Antoni, con el que comparte su típica y bella estructura de hierro. Cruzando la calle, se encuentra la antigua Tenencia de Alcaldía de Hostafrancs, actual SEU DEL DISTRICTE DE SANTS-MONTJUÏC (38) (SEDE DEL DISTRITO DE SANTS-MONTJUÏC. Creu Coberta, 106), construida por Jaume Gustà i Bondia (1895) y Ubald Iranzo i Eiras (1908-1915). El edificio, parcialmente modernista, con elementos eclécticos, destaca sobre todo por sus vidrieras, de Francesc Labarta.

De nuevo en el cruce de la Gran Via con el paseo de Gràcia y un poco más adelante, en la acera de la izquierda, se encuentra la CASA MALAGRIDA (39) (paseo de Gràcia, 27), obra de Joaquim Codina i Matalí, realizada entre 1905 y 1908. Como otros edificios de la época situados en la mejor zona del Eixample, la Casa Malagrida tiene una apariencia exterior de palacete urbano que huye de la tipología habitual de la casa de vecinos del Eixample. Pese a tener este aspecto, el edificio estuvo destinado desde su origen a ser una vivienda plurifamiliar. Lo más destacado del inmueble es su espectacular coronación en forma de cúpula y los faroles de hierro forjado de un vestíbulo en el que también merece la pena contemplar los elegantes frescos y artesonados del techo.

Al llegar a la confluencia del paseo de Gràcia con la calle Consell de Cent, proseguiremos unos metros por esta calle hacia la derecha, en el sentido de la marcha de los automóviles. Nuestro destino es el origen mismo del Eixample: las primeras casas que se construyeron en la zona. Las CASES CERDÀ (Consell de Cent/Roger de Llúria) fueron construidas en 1864 por Antoni Valls. Las casas originales están identificadas con placas en la fachada. Siguiendo en la misma dirección veremos la antigua CONFITERIA J. REÑÉ (Consell de Cent, 362), establecimiento con decoración modernista.

Un poco más adelante, al llegar a la calle Girona, nos encontramos con una panadería modernista, el FORN SARRET (40) (PANADERÍA SARRET. Girona, 73), de 1898, con unas puertas de marquetería dignas de alabanza y un escudo que preside la puerta en el que se hace una alegoría de la siega del trigo. En el chaflán opuesto se encuentra el antiguo FORN DE LA CONCEPCIÓ (41) (PANADERÍA DE LA CONCEPCIÓ. Girona, 74), de Josep Suñer (1900). Subiendo por la calle Girona, llegamos a la CASA POMAR (42) (Girona, 86), una original obra de Rubió i Bellvé (1906) que posee una fachada que le da un aspecto de iglesia (no se pierdan la puerta principal presidida por una quilla de barco de cerámica verde). Retrocediendo por Consell de Cent, podemos bajar unos metros por Roger de Llúria para ver la TORRE DE LES AIGÜES (Roger de Llúria, 56), construida en 1867 por Josep Oriol Mestres. En 1987 este espacio se convirtió en la primera manzana interior rescatada por el Ayuntamiento en un intento de ir recuperando el proyecto inicial ideado por Ildefons Cerdà para el Eixample. En verano, el lugar se convierte en una "playa" urbana para uso vecinal. Delante de ella se encuentra el pasaje Permanyer, una bonita callejuela de casas unifamiliares con cierto aire que nos transporta al Londres victoriano.

Reemprendemos la Ruta en el paseo de Gràcia. La siguiente etapa de nuestro paseo por el Modernismo barcelonés es la MANSANA DE LA DISCÒRDIA (MANZANA DE LA DISCORDIA), auténtico centro simbólico del Modernismo catalán; cien metros de calle que reúnen tres obras capitales de los tres maestros modernistas: Lluís Domènech i Montaner (Casa Lleó Morera), Josep Puig i Cadafalch (Casa Amatller) y Antoni Gaudí (Casa Batlló). La manzana recibe el apelativo "de la discordia" por la competencia estética entre tres grandes edificios, que, de hecho, es expresión del fenómeno que en aquellos años se produjo entre las familias burguesas de Barcelona, las cuales, al instalarse en el Eixample, pugnaban por presumir de tener la casa más espectacular y opulenta.

El primer edificio de interés de esta irrepetible Mansana de la Discòrdia es la CASA LLEÓ MORERA (43) (paseo de Gràcia, 35), que, desgraciadamente, no puede ser visitada. Lluís Domènech i Montaner se hizo cargo, en 1905, de la reforma de esta casa, construida en 1864 por la Sociedad Fomento del Ensanche, con el objetivo de mejorarla y decorarla para sus nuevos propietarios, la familia Lleó Morera. El más renacentista de los arquitectos de la Barcelona modernista logró conjugar en la Casa Lleó Morera -una obra en principio pequeña e incluso modesta- el esfuerzo creador de un número considerable de artistas y artesanos que, trabajando en estrecha colaboración, consiguieron una sorprendente, casi milagrosa, unidad final, al más puro estilo floral de Domènech i Montaner. Así, la Casa Lleó Morera presenta, desde el vestíbulo y pasando por la escalera, el ascensor y la planta principal, uno de los conjuntos más ricos y mejor conservados de las artes aplicadas del Modernismo: mosaicos, vidrieras, marqueterías, pavimentos, esculturas... En el piso principal, precisamente, hay uno de los grandes tesoros del Modernismo barcelonés: una monumental vidriera de la empresa de Antoni Rigalt (Rigalt, Granell y Cia.) que ocupa el antiguo comedor principal de la casa y representa una bucólica escena rural. En la misma planta destacan ocho paneles y unos dinteles de cerámica con figuras de porcelana en relieve en los que el escultor Eusebi Arnau esculpió una canción de cuna, La dida de l'infant rei (La nodriza del niño rey).

Josep Puig i Cadafalch (1867-1956)
Josep Puig i Cadafalch nació en 1867 en el seno de una acomodada familia de Mataró. Pronto destacó por su inteligencia y precocidad: a los dieciséis años ya daba conferencias y publicaba artículos, particularmente sobre arte románico, la gran pasión de su vida, que le llevó a ser considerado una autoridad mundial en la materia, con su trilogía científica L’arquitectura romànica de Catalunya (1909-1918) y cinco doctorados honoris causa en Europa y en Estados Unidos.

A los veinticinco años, después de haber estudiado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona -donde fue alumno de Domènech i Montaner-, Puig ya era el arquitecto municipal de Mataró, donde proyectó un mercado nuevo (1892) y un sistema de alcantarillado moderno (1895). A la vez, atendía encargos privados, algunos de ellos grandes obras, como la Casa Coll i Regàs de Mataró o la Casa Garí “el Cros” de Argentona, ambas en 1898. Pronto es reclamado en Barcelona, donde en 1895 empieza a trabajar en la Casa Martí, y tres años más tarde ya está proyectando las casas Amatller y Macaya. También en esta época empieza a impulsar y participar en una serie de proyectos arqueológicos (Empúries, Sant Pere de Rodes, iglesias de Sant Pere de Terrassa) y museísticos (colección de pintura románica del MNAC), que hoy son piezas fundamentales del arte y la historia de Cataluña.

La rápida implicación de Puig con la ciudad de Barcelona le lleva a ser concejal del Ayun-tamiento en 1901. De este modo, inicia una larga carrera política, que pasa después por ser diputado a Cortes y, durante muchos años, diputado provincial. En 1917 sucedió a Prat de la Riba como presidente de la Mancomunidad de Cataluña, un primer ensayo de gobierno autonómico que se había iniciado tres años antes. Como no podía ser de otro modo, Puig i Cadafalch fue un presidente prolífico y polifacético pese al poco poder real y los pocos recursos de que disponía. Así, como buen modernista, trabajó por desarrollar el país dotándolo de infraestructuras propias de un estado moderno, con proyectos como: la creación de escuelas técnicas y profesionales públicas como la de Enfermería, la de Comercio y la de Industrias Textiles; la extensión territorial sistemática de la red telefónica; la promoción de entidades de bienestar social como la primera organización de ciegos y la Maternidad, o la fundación de instituciones científicas catalanas como el IEC (Institut d’Estudis Catalans, la academia científica catalana), el futuro MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña) y la Biblioteca de Cataluña. El ejercicio del cargo, no obstante, no le impidió seguir con su trabajo de arquitecto y urbanista: el hecho de que al presidente le encargasen obras públicas como la urbanización de la Via Laietana o la planificación del recinto de la Exposición Internacio-nal de 1929 ilustra claramente cómo se organizaba la burguesía catalana de la época.

El golpe de Estado del general Primo de Rivera en 1923, que el conservador Puig recibió con un optimismo reservado, abolió la Mancomu-nidad un año más tarde, a la vez que decretaba la prohibición de todas las actividades políticas y culturales catalanas. Además de perder el cargo, Puig i Cadafalch fue condenado a un ostracismo profesional y público que, de un modo u otro, le acompañaria ya el resto de su vida. En 1936, al estallar la Guerra Civil, los Puig se exiliaron a Francia y no regresaron hasta 1942. Durante el nuevo régimen fascista español, el viejo arquitecto catalanista realizó aún algunos proyectos, que a menudo tenían que firmar otros arquitectos para que fuesen aprobados. Puig i Cadafalch murió en Barcelona en 1956.

De la fachada destacan también los trabajos del escultor Arnau, pero las figuras femeninas de los arcos de la planta baja fueron mutiladas en los años cuarenta junto con otros detalles ornamentales para permitir la instalación de las lunas de los escaparates de una tienda. Los bajos fueron parcialmente restaurados en 1992 a partir de fotografías y otros documentos. En el MNAC (34) se pueden contemplar elementos de interiorismo del piso principal, obra del ebanista Gaspar Homar. Entre muebles, lámparas y alfombras destaca un gigantesco sofá-armario de marquetería.

Justo al lado de la Casa Lleó Morera se encuentran dos edificios, contemporáneos de las grandes obras de la Mansana de la Discòrdia, que hacen de contrapunto, discreto pero inapelable. El primero de ellos es la CASA MULLERAS (paseo de Gràcia, 37), una sobria intervención arquitectónica de Enric Sagnier, que, en 1911, reformó este edificio de 1868 modificando completamente la fachada. El segundo es la CASA BONET (paseo de Gràcia, 39), una obra clasicista poco brillante de Jaume Brossa (1901) de la que únicamente destaca el curioso Museo del Perfume, fundado en 1961, en los bajos del edificio. El museo expone una extensa muestra de casi 5.000 envases de perfumes y esencieros de diferentes culturas y civilizaciones: desde envases egipcios, cerámicas griegas, vidrios romanos y púnicos, y recipientes árabes y orientales, hasta una interesante colección de esencieros de los siglos XVII al XIX de porcelana, cristal y materiales nobles.

Subiendo por el paseo, el segundo gran monumento modernista es la CASA AMATLLER, (44) La historia de este inmueble se remonta al año 1898, cuando el industrial chocolatero Antoni Amatller, aficionado al coleccionismo de vidrio antiguo y a la fotografía, quiso transformar un anodino edificio de 1875, que había comprado para trasladar allí su residencia principal. El industrial encargó las obras al arquitecto Puig i Cadafalch, que apostó por darle la apariencia de palacio gótico urbano, con una fachada plana y un patio central con una escalera que diera acceso a la vivienda principal, pese a que el inmueble tenía que ser habitado por varias familias.

Puig i Cadafalch creó en la Casa Amatller una lectura muy personal del gótico, abriendo un camino que le permitió mantener la excelencia de su obra incluso en los momentos en que los elementos del lenguaje gótico eran abandonados por casi todos los arquitectos. Lo primero que sorprende del edificio es la escalonada fachada de reminiscencias nórdicas, presidida por una membrana esgrafiada de estucos ocres y blancos y coronada por un exuberante frontón flamenco ornamentado con azulejos vitrificados rojos y dorados.

La fachada, considerada por algunos especialistas como "la apoteosis de las artes decorativas" y en la que algunos quieren ver influencias de los palacetes urbanos de Copenhague, Bruselas o Ámsterdam, posee una tribuna de inspiración wagneriana que evoca la fachada de la capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat. Puig i Cadafalch salpicó la casa con sus típicos detalles de inspiración medieval. Las puertas de acceso, por ejemplo, están decoradas con esculturas, capiteles y estucados, como la figura de piedra de san Jorge matando al dragón, obra de Eusebi Arnau. También en los bajos se encuentra una joyería que ha respetado las pequeñas ventanas originales de ornamentación floral, inspiradas en las de las masías góticas catalanas. En la planta noble, las figuras de las ventanas recrean las fantásticas y grotescas criaturas que poblaban palacios e iglesias góticas.

El vestíbulo está adornado con tres lámparas de bronce y una elegante escalera que conduce a la planta noble, en la que se encuentra el Instituto Amatller de Arte Hispánico, fundado por la familia Amatller: una entidad académica dedicada al estudio del arte español, hoy propie-taria del edificio. El piso principal es uno de los pocos de Barcelona que aún hoy conservan no sólo gran parte de su riqueza ornamental original, sino también la atmósfera dorada y opulenta de aquella burguesía del Eixample modernista gracias a las esculturas que se adaptan a los espacios, a los suelos de mosaicos de estilo romano y de mármol blanco, y a los techos, que presentan una rica combinación de vigas policromadas y estucos esgrafiados. La chimenea es una de las piezas más notables, aunque muchos consideran que la obra maestra del piso es la columna de mármol rosado situada en medio de la tribuna y que se ve desde la calle, una columna desprovista de cualquier misión estructural y sólo concebida por puro hedonismo. Desgraciadamente, este piso no puede ser visitado. No obstante, en el MNAC (34) se pueden contemplar diversos elementos del mobiliario original de esta casa.

La tercera gran obra de la Mansana de la Discòrdia es la CASA BATLLÓ. Josep Batlló era un magnate del sector textil catalán que abrió varias fábricas, como, por ejemplo, el antiguo Vapor Batlló de la calle Urgell, que en la actualidad alberga la Escuela Industrial. Cuando en 1904 Antoni Gaudí recibió el encargo de remodelar el edificio, de 1870, manifestó su intención de recrear el paraíso.

Casa Batlló

Dirección
Passeig de Gràcia, 43

08007 Barcelona

Horario
Abierta los 365 días del año de 9 a 21h. Última entrada a las 20h.
Información
Tel.: 932 160 306.

Whatsapp: 630 032 886

Fax: 934 883 090.

info@casabatllo.cat

www.casabatllo.cat
Observaciones
Videoguía con realidad aumentada y virtual incluida. Disponible en 10 idiomas: catalán, castellano, francés, inglés, italiano, alemán, chino, japonés, ruso y portugués.

Equipamiento accesible (disponemos de sillas de ruedas de dimensiones adecuadas para el ascensor de la Casa Batlló. Los visitantes con movilidad reducida pueden acceder con silla de ruedas a gran parte del recorrido, visitando las partes más significativas de la casa).

Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Precios y descuento
Precios. Visita completa. (planta noble + desván + azotea). Videoguía  con realidad aumentada incluida.

Adultos: 23,50 €.

Estudiantes (con carné) y jubilados (o más de 65 años): 20,50 €.

Residentes en la provincia de Barcelona: 15,00€.

De 0 a 7 años: gratuito.

Descuento de la Ruta del Modernismo:  2,00€ sobre la tarifa de adultos. Consultar otras ofertas. Descuentos no acumulables.
Descripción
Josep Batlló era un magnate del sector textil catalán que abrió varias fábricas, como, por ejemplo, el antiguo Vapor Batlló de la calle Urgell, que en la actualidad alberga la Escuela Industrial. Cuando en 1904 Antoni Gaudí recibió el encargo de remodelar el edificio, de 1870, manifestó su intención de recrear el paraíso.

Reformó la casa de arriba abajo: añadió un quinto piso, construyó los sótanos, agrandó el vestíbulo, rehizo la escalera y los muros interiores de los pisos y alteró la forma de todas sus habitaciones con amplias curvas, de modo que no hay ningún ángulo recto en toda la casa. El elemento más singular de la Casa Batlló es la fachada, que combina la piedra de las plantas baja y noble con el revestimiento de mosaico de las plantas superiores, y se corona con un tejado escamoso que recuerda el dorso de un reptil. Las intenciones de Gaudí al realizar esta fachada han sido siempre objeto de elucubraciones. Para algunos, el objetivo de Gaudí fue edificar un himno simbólico de la leyenda de Sant Jordi, patrón de Cataluña, en su mitológica victoria sobre el dragón. El tejado sería el lomo del dragón, la torre semicircular simbolizaría la lanza del santo guerrero y los balcones de hierro de los pisos intermedios y la tribuna del primer piso representarían los cráneos, los huesos y los tendones de las víctimas del saurio -los restos de las comidas del dragón-. Pero otra versión de la historia sobre la fachada de la Casa Batlló es la que defiende que se trata de una alegoría de la fiesta del carnaval: la azotea sería un gorro de arlequín; los balcones, las máscaras de baile; las columnas, los huesos de los disfraces de la Muerte; y la cascada multicolor de cerámica de trencadís que "cae" por la pared de la
fachada -obra de un joven Josep Maria Jujol- sería el confeti de la fiesta.

Si la fachada es espectacular, el interior no le va a la zaga. El patio de luces de la Casa Batlló es una autentica maravilla de la arquitectura. Gaudí, siempre obsesionado por la luminosidad, lo recubrió con un revestimiento irregular de cerámica azul que se va oscureciendo, pasando del gris perla al azul cobalto a medida que asciende hacia la claraboya. El resultado de esta casi subliminal argucia arquitectónica es una distribución equitativa de la luz de arriba abajo. Para completar el efecto, los balcones y las ventanas son más grandes en los pisos inferiores y se van haciendo más pequeños a medida que se asciende por el patio de luces. La escalera que conduce al piso principal se retuerce como el esqueleto de un dinosaurio fosilizado, y el muro, sinuoso y pintado de forma que parece un mosaico, muestra unos reflejos y una superficie similares a las paredes de una cueva erosionada por el agua. El piso principal goza de un excepcional estado de conservación. Los contrapesos que levantan las vidrieras y abren la tribuna de par en par al paseo de Gràcia todavía están en pleno funcionamiento, al igual que las rejillas que permiten graduar la entrada de aire del exterior creando un singular sistema de ventilación natural. La planta noble, sin embargo, sólo conserva dos muebles diseñados por Gaudí para los Batlló: un aparador y un banco. En el MNAC (34), se conservan otras piezas diseñadas por Gaudí para esta casa.


Reformó la casa de arriba abajo: añadió un quinto piso, construyó los sótanos, agrandó el vestíbulo, rehizo la escalera y los muros interiores de los pisos y alteró la forma de todas sus habitaciones con amplias curvas, de modo que no hay ningún ángulo recto en toda la casa.

El elemento más singular de la Casa Batlló es la fachada, que combina la piedra de las plantas baja y noble con el revestimiento de mosaico de las plantas superiores, y se corona con un tejado escamoso que recuerda el dorso de un reptil. Las intenciones de Gaudí al realizar esta fachada han sido siempre objeto de elucubraciones. Para algunos, el objetivo de Gaudí fue edificar un himno simbólico de la leyenda de Sant Jordi, patrón de Cataluña, en su mitológica victoria sobre el dragón. El tejado sería el lomo del dragón, la torre semicircular simbolizaría la lanza del santo guerrero y los balcones de hierro de los pisos intermedios y la tribuna del primer piso representarían los cráneos, los huesos y los tendones de las víctimas del saurio -los restos de las comidas del dragón-. Pero otra versión de la historia sobre la fachada de la Casa Batlló es la que defiende que se trata de una alegoría de la fiesta del carnaval: la azotea sería un gorro de arlequín; los balcones, las máscaras de baile; las columnas, los huesos de los disfraces de la Muerte; y la cascada multicolor de cerámica de trencadís que "cae" por la pared de la fachada -obra de un joven Josep Maria Jujol- sería el confeti de la fiesta.

Si la fachada es espectacular, el interior no le va a la zaga. El patio de luces de la Casa Batlló es una autentica maravilla de la arquitectura. Gaudí, siempre obsesionado por la luminosidad, lo recubrió con un revestimiento irregular de cerámica azul que se va oscureciendo, pasando del gris perla al azul cobalto a medida que asciende hacia la claraboya. El resultado de esta casi subliminal argucia arquitectónica es una distribución equitativa de la luz de arriba abajo. Para completar el efecto, los balcones y las ventanas son más grandes en los pisos inferiores y se van haciendo más pequeños a medida que se asciende por el patio de luces. La escalera que conduce al piso principal se retuerce como el esqueleto de un dinosaurio fosilizado, y el muro, sinuoso y pintado de forma que parece un mosaico, muestra unos reflejos y una superficie similares a las paredes de una cueva erosionada por el agua. El piso principal goza de un excepcional estado de conservación. Los contrapesos que levantan las vidrieras y abren la tribuna de par en par al paseo de Gràcia todavía están en pleno funcionamiento, al igual que las rejillas que permiten graduar la entrada de aire del exterior creando un singular sistema de ventilación natural. La planta noble, sin embargo, sólo conserva dos muebles diseñados por Gaudí para los Batlló: un aparador y un banco. En el MNAC (34), se conservan otras piezas diseñadas por Gaudí para esta casa.

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