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Al llegar a la calle Aragó nos
desviaremos a la izquierda para encontrarnos con la antigua
EDITORIAL MONTANER
I SIMÓN (46), que era una empresa de la familia
materna de Lluís Domènech i Montaner, que
actualmente acoge la
FUNDACIÓ ANTONI TÀPIES (FUNDACIÓN
ANTONI TÀPIES). Construido entre 1881 y 1886 por
Domènech i Montaner, el edificio es considerado,
al igual que la Casa Vicens de Gaudí (punto (88)
de la Ruta del Modernismo), una de las obras pioneras de
la renovación arquitectónica y urbana que
supuso el movimiento modernista. El edificio destaca por
su poco académica fachada de aire ligeramente mudéjar,
por su sistema de claraboyas (que le proporciona una luz
cenital muy difusa) y por su curiosa estructura, en la que
destacan las columnas de forja y las vigas de acero más
características de los mercados y estaciones ferroviarias
que de las sedes de empresas de finales del siglo XIX.
Editorial Montaner i Simón, Fundació A. Tàpies
Dirección Aragó, 255.
Horario De martes a domingo de 10 a 20h.
Lunes y los días 1/1, 6/1, 25/12 y 26/12, cerrado.
Información Tel.: 934 870 315. www.fundaciotapies.org
Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente.
Precios y descuento Precios. Adultos: 4,20 €. Hasta 16 años: gratis. Mayores de 16 años con carnet de estudiante: 2,10 €. Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos. Descripción FUNDACIÓN ANTONI TÀPIES. Construido entre 1881 y 1886 por Domènech i Montaner, el edificio es considerado, al igual que la Casa Vicens de Gaudí (punto (88) de la Ruta del Modernismo), una de las obras pioneras de la renovación arquitectónica y urbana que supuso el movimiento modernista. El edificio destaca por su poco académica fachada de aire ligeramente mudéjar, por su sistema de claraboyas (que le proporciona una luz cenital muy difusa) y por su curiosa estructura, en la que destacan las columnas de forja y las vigas de acero más características de los mercados y estaciones ferroviarias que de las sedes de empresas de finales del siglo XIX. El edificio fue coronado en la década de los ochenta del siglo XIX por una obra escultórica del gran artista contemporáneo Antoni Tàpies, Núvol i cadira (nube y silla), que se ha convertido en el emblema de su fundación. Esta institución acoge un museo donde se exhibe una amplia selección de la obra de este artista catalán, y además organiza exposiciones temporales, seminarios científicos, conferencias públicas y ciclos de cine. También podemos encontrar una biblioteca especializada en arte moderno y contemporáneo, así como el archivo Tapies, con la colección más completa de obras y otros documentos del maestro, además de colecciones de culturas asiáticas y precolombinas. |
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El edificio fue coronado en la década de los ochenta
del siglo XIX por una obra escultórica del gran artista
contemporáneo Antoni Tàpies, Núvol
i cadira (nube y silla), que se ha convertido en el emblema
de su fundación. Esta institución acoge un
museo donde se exhibe una amplia selección de la
obra de este artista catalán, y además organiza
exposiciones temporales, seminarios científicos,
conferencias públicas y ciclos de cine. También
podemos encontrar una biblioteca especializada en arte moderno
y contemporáneo, así como el archivo Tapies,
con la colección más completa de obras y otros
documentos del maestro, además de colecciones de
culturas asiáticas y precolombinas.
En este punto podemos abandonar la ruta principal
de un día para ir a la Rambla de Catalunya hasta la
CASA DOLORS CALM
(47) (Rambla de Catalunya, 54). Este edificio, reformado en
1903 por Josep Vilaseca i Casanovas, sobresale por la elegante
marquetería del cuerpo de las tribunas -actualmente
algo deterioradas- y también por sus esgrafiados y
los elementos escultóricos de la planta baja y la cornisa.
En la acera opuesta, se halla la CASA
FARGAS (48) (Rambla de Catalunya, 47), obra de Enric
Sagnier (1902-1904). El elemento original más destacable,
una gran cúpula que coronaba el edificio, desapareció
hace tiempo durante la realización de unas obras para
añadir nuevas plantas y, en la actualidad, el principal
interés de esta casa reside en las sobrias tribunas
onduladas. Si seguimos bajando por la Rambla de Catalunya
y torcemos a la derecha por la calle Diputació, nos
encontraremos con otro edificio que Sagnier construyó
al mismo tiempo que la Casa Fargas: la CASA
GARRIGA NOGUÉS (49) (Diputació, 250),
en el que son dignas de atención las ménsulas
de Eusebi Arnau que representan las edades del hombre y las
vidrieras de la planta noble. Volviendo a la misma acera de
la Rambla de Catalunya se encuentra la FARMÀCIA
BOLÓS (50) (Rambla de Catalunya, 77), construida
entre 1904 y 1910 por Josep Domènech i Estapà,
que conserva casi todos sus elementos decorativos originales:
una aristocrática y presuntuosa farola con el nombre
de la tienda, una vidriera con el dibujo de un naranjo y un
mobiliario que, como el resto de los ornamentos, presume de
factura artesanal y de la firma de Antoni Falguera. Un poco
más arriba, pero en la acera de enfrente, encontramos
la CASA DOMÈNECH
I ESTAPÀ (51) (València, 241), la residencia
que el arquitecto Josep Domènech i Estapà se
construyó entre 1908 y 1909, que tiene una fachada
de obra vista con una curiosa distribución asimétrica,
con una gran tribuna en un lado, compensada en el otro por
una línea de ventanas.
Volviendo a la Rambla de Catalunya llegamos a la
CASA JUNCOSA (52) (Rambla de Catalunya, 78), de Salvador
Viñals i Sabaté, construida entre 1907 y 1909
en un gran solar en la esquina con la calle València
que destaca especialmente por la gran tribuna central y el
vestíbulo de aire ligeramente modernista. Más
arriba, en la esquina con la calle Mallorca, se alza la CASA
QUERALTÓ (53) (Rambla de Catalunya, 88), un edificio
de Josep Plantada i Artigas (1907), decorado con unos elegantes
esgrafiados de color rosa y unos falsos arcos con columnas
y capiteles, pero ampliamente modificado, con el paso de los
años, y mutilado en su coronamiento. Volvemos por la
calle València al paseo de Gràcia y en la esquina
de enfrente veremos la CASA
VÍDUA MARFÀ (54) (paseo de Gràcia,
66), uno de los mejores ejemplos del lenguaje neomedievalista
importado por algunos arquitectos modernistas. El edificio,
obra de 1901-1905, de Manuel Comas y Thos, destaca por los
tres arcos de medio punto que dan a la calle y las esbeltas
columnas que sustentan la tribuna de la fachada. En la otra
esquina con la calle València se encuentra el Hotel
Majestic y justo delante de él podemos ver uno de los
bancos-farolas de Falqués que mejor se puede apreciar,
sin obstáculos visuales. Pere Falqués diseñó
31 de estos BANC-FANALS
(55) (BANCOS-FAROLAS) en 1906 para amueblar e iluminar el
paseo en sintonía con la suntuosidad y la voluntad
de ostentación de la arquitectura. El Ayuntamiento
restauró estos elementos durante la década de
los ochenta, cuando ya presentaban un estado ruinoso. Hay
que distinguir estos elementos originales de la época
modernista de los bancos-parterre redondos que encontramos
en alguna de las amplias esquinas del paseo, que son fruto
de un relativo "neomodernismo" contemporáneo
y que fueron añadidos al paisaje de la gran avenida
barcelonesa con un concepto de la idoneidad que sigue siendo
objeto de polémica en la ciudad.
Una desviación interesante de nuestra Ruta principal
de un día nos lleva, siguiendo por la calle València,
hasta la CASA ELIZALDE
(València, 302), construida en 1885 para la familia
Sala y que actualmente alberga un centro cívico municipal.
(Desde este lugar suelen organizarse itinerarios modernistas
los sábados por la mañana. Se requiere reserva
previa. Más información llamando al tel. 934
880 590). Del edificio, de un interés arquitectónico
limitado, destaca especialmente su monumental patio. En la
esquina de la calle València con Roger de Llúria
encontramos QUEVIURES
MÚRRIA (56) (COLMADO MÚRRIA. Roger de
Llúria, 85), un histórico y popular establecimiento
comercial inaugurado en 1898 como tostadero de café
y fábrica de barquillos con el nombre de La Puríssima,
el nombre de una iglesia cercana. La tienda, que fue evolucionando
hasta convertirse en uno de los colmados barceloneses por
excelencia, presenta una preciosa fachada con rótulos
y anuncios modernistas realizados en vidrio tintado al fuego:
destaca el anuncio de Anís del Mono de la esquina,
copia de la época de un póster original de Ramon
Casas.
Volviendo a la calle València, encontramos
tres edificios modernistas de interés. La CASA
JOSEFA VILLANUEVA (57) (València, 312), construida
entre 1904 y 1909 por Juli M. Fossas, destaca por una elegante
tribuna en una de las esquinas, que tenía su réplica,
hoy desaparecida, en la otra esquina de la finca. Cruzando
la calle, encontramos la CASA
JAUME FORN (58) (València, 285), un edificio
de 1909 con unas notables vidrieras angulares y un añadido
posterior que distorsiona el conjunto, obra de Jeroni F. Granell
i Manresa. Muy cerca se encuentra la CASA
SANTURCE (59) (València, 293), también
conocida por Casa Pau Ubarri, obra de Miquel Madorell i Rius
(1902-1905), con un interesante vestíbulo y una fachada
decorada con dos tribunas singularmente coronadas y un escudo
con el nombre del propietario, el conde de San José
de Santurce.
Caminando unos metros más por la calle València
encontramos el edificio del CONSERVATORI
MUNICIPAL DE MÚSICA (60) (CONSERVATORIO MUNICIPAL
DE MÚSICA. Bruc, 104-112), obra erigida entre 1916
y 1928 -ya en las postrimerías de la fiebre modernista-
por Antoni de Falguera, un especialista en encargos municipales.
Subiendo por la calle Girona llegamos a la CASA
LAMADRID (61) (Girona, 113), una obra de Lluís
Domènech i Montaner (1902) relativamente sencilla pero
con una fachada coronada por un singular remate escultórico
con decoración vegetal y un escudo de estilo gótico
que parece un compendio del tradicional repertorio decorativo
de su autor. Más arriba, se encuentra la CASA
GRANELL (62) (Girona, 122), un modesto edificio que
es una muestra excelente del modernismo "humilde",
hecho por y para las clases menestrales o trabajadoras. Jeroni
F. Granell i Manresa fue su propietario, a la vez que arquitecto
(1901).
Volviendo a la calle València, un
poco más adelante, nos encontramos con la CASA
LLOPIS BOFILL (63) (València, 339; Bailèn,
113), probablemente la obra más notable de Antoni M.
Gallissà (1902). El edificio, de grandes dimensiones
y muy modificado, es todo un escaparate de detalles decorativos
en los que se descubre una evidente influencia de Domènech
i Montaner. Destacan, especialmente, la extraordinaria planta
baja y las tribunas y balcones.
Subiendo por la calle Bailèn, volvemos a la calle Mallorca.
Si la seguimos en dirección al paseo de Gràcia
pasamos por la FARMÀCIA
PUIGORIOL (Mallorca, 312), un establecimiento con decoración
modernista. A continuación llegamos a la CASA
VALLET I XIRÓ (64) (Mallorca, 302), del arquitecto
Josep M. Barenys i Gambús, que la proyectó en
1913, con un estilo ya considerado propio de finales del Modernismo,
con influencias de los movimientos de la Secession centroeuropea.
Más adelante nos encontramos con la CASA
THOMAS (65) (Mallorca, 291-293), obra de Domènech
i Montaner. El principal interés de este edificio,
construido entre 1895 y 1898, reside en el hecho de que en
él aparecerán por primera vez los signos de
identidad inconfundibles del arquitecto; por ejemplo, la fachada
neogótica, los tonos azulados y el vestíbulo
con motivos florales con figuras de reptiles. La casa que
hoy podemos contemplar no corresponde, sin embargo, al primer
proyecto de Domènech i Montaner. Originalmente, el
edificio se limitaba al taller y a la primera planta, la vivienda
del propietario. La ampliación, de 1912, respetó
las líneas originales, reconstruyó las torretas
en un nivel superior y añadió unas elegantes
tribunas en la fachada.
Siguiendo por la calle Mallorca, encontramos
el PALAU MONTANER,
(66) (PALACIO MONTANER), obra de Domènech i Montaner
(1896) para uno de los propietarios de la editorial Montaner
i Simón. Aunque el edificio fue comenzado por Josep
Domènech i Estapà, en 1891 abandonó la
obra por desavenencias con el propietario, tras haber construido
las dos primeras plantas.
Palau Montaner
Dirección Mallorca, 278. Horario e idiomas
Visitas guiadas:
Sábados
10.30 inglés
11.30 catalán
12.30h castellano
Domingos
10.30 catalán
11.30 castellano
12.30h catalán
La visita del 13 de junio a las 10.30h, en catalán, está completa.
Información Tel: 933 177 652. www.rutadelmodernisme.com Observaciones Los horarios y los idiomas de las visitas pueden sufrir variaciones o anulaciones sin previo aviso, según la disponibilidad del edificio. Se recomienda consultar los días de cierre. Precios y descuento Precio: Adultos 6,00 €.
Menores de 18 años, mayores de 65 y parados 3,00 €.
Descuento de la Ruta del Modernismo: 50% sobre las dos tarifas. Descripción Siguiendo por la calle Mallorca, encontramos el PALAU MONTANER, (66) (PALACIO MONTANER), obra de Domènech i Montaner (1896) para uno de los propietarios de la editorial Montaner i Simón. Aunque el edificio fue comenzado por Josep Domènech i Estapà, en 1891 abandonó la obra por desavenencias con el propietario, tras haber construido las dos primeras plantas. Tanto en el exterior como en el interior encontramos motivos ornamentales relacionados con el arte de imprimir. El interior del palacio es exquisito, y en su realización intervinieron grandes artistas de las artes aplicadas del Modernismo, como el escultor Eusebi Arnau, el ebanista Gaspar Homar y la empresa del vidriero Antoni Rigalt (Antoni Rigalt i Cia.); es de una gran riqueza decorativa, con mosaicos, esculturas, madera labrada y una espectacular escalinata bajo una gran claraboya ornamental. El palacio, uno de los edificios de la Delegación del Gobierno en Cataluña, es actualmente una de las sedes de la Subdelegación del Gobierno en Barcelona. |
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Tanto en el exterior como en el interior
encontramos motivos ornamentales relacionados con el arte
de imprimir. El interior del palacio es exquisito, y en su
realización intervinieron grandes artistas de las artes
aplicadas del Modernismo, como el escultor Eusebi Arnau, el
ebanista Gaspar Homar y la empresa del vidriero Antoni Rigalt
(Antoni Rigalt i Cia.); es de una gran riqueza decorativa,
con mosaicos, esculturas, madera labrada y una espectacular
escalinata bajo una gran claraboya ornamental. El palacio,
uno de los edificios de la Delegación del Gobierno
en Cataluña, es actualmente una de las sedes de la
Subdelegación del Gobierno en Barcelona. Justo en el
chaflán opuesto se encuentra el PALAU
CASADES (PALACIO CASADES. Mallorca, 283), un palacete
pompeyano, obra de Antoni Serra i Pujals (1885), en el que
destaca un original patio decorado con columnas policromadas.
El edificio acoge, desde 1922, el Colegio de Abogados. Desde
aquí, la Ruta vuelve al paseo de Gràcia.
De nuevo en el paseo de Gràcia, y casi al lado del
Hotel Majestic, nos encontramos con la
CASA JOAN COMAS (paseo de Gràcia, 74), obra
ecléctica de Enric Sagnier, que llevó a cabo
una profunda reforma (1907) de un edificio que ya existía
modificando sus galerías posteriores, convirtiendo
el jardín en almacén y confiriendo a la fachada
una apariencia modernista agregándole una tribuna,
nuevas barandillas en los balcones y una cornisa curva. Un
poco más arriba, en la confluencia con la calle Mallorca
pero en la acera de enfrente, se alza la CASA
ENRIC BATLLÓ (paseo de Gràcia, 75), obra
de Josep Vilaseca i Casanovas (1895-1896) que hoy alberga
un hotel. De factura neogótica, luce una de las fachadas
más atractivas del paseo gracias a su brillante policromía.
Cruzando el paseo de Gràcia y subiendo hasta la esquina
con la calle Provença nos encontramos con la joya de
la corona del Modernismo barcelonés, un imponente edificio
que preside majestuosamente el cruce.
Hasta el año 1905, este chaflán acogió
un modesto chalé de tres pisos con jardín. En
1906, fue demolido para ceder su espacio a una de las obras
más admiradas y fotografiadas de Antoni Gaudí:
la CASA MILÀ,
(67) popularmente conocida como LA PEDRERA (LA CANTERA). La
Casa Milà, el último edificio de viviendas construido
por Gaudí, fue erigido por encargo de Pere Milà,
un joven promotor urbanístico casado con Rosario Segimón,
la rica viuda de un indiano llamado José Guardiola.
Milà era, por aquel entonces, un triunfador, amante
del lujo, las modas y las novedades: un auténtico dandi
de la Barcelona modernista. Fue uno de los primeros que presumió
de coche con motor por las calles de la ciudad mientras los
barceloneses -quizás como desquite- bromeaban a propósito
de su conocida afición al dinero y a la ostentación,
preguntándose si no estaba "más interesado
en la guardiola (hucha en catalán) de la viuda que
en la viuda de Guardiola".
Casa Milà, la Pedrera
Dirección Paseo de Gràcia, 92 / Provença, 261-265. Horario De Noviembre a Febrero (ambos inclusive): de 9 a 18.30h (última hora de acceso: 18h).
De Marzo a Octubre (ambos inclusive): de 9 a 20h (última hora de acceso: 19h30h).
Cerrado: el 25 y 26 de diciembre y el 1 y el 6 de enero, y también una semana de enero por obras de mejora y mantenimiento de las instalaciones. . Información Tel.: 902 400 973. www.fundaciocaixacatalunya.org Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Precios y descuento Precios. Adultos: 10,00 €
Estudiantes y parados: 6,00 €
Grupos de + 10 personas, reserva obligatoria por correo electrónico: reserves_fcc@fcaixacatalunya.es, o por fax: 902 202 139 o por tel.: 902 202 138. De 0 a 12 años: gratuito Descuento de la Ruta del Modernismo: 20% sobre la tarifa de adultos. Descripción Hasta el año 1905, este chaflán acogió un modesto chalé de tres pisos con jardín. En 1906, fue demolido para ceder su espacio a una de las obras más admiradas y fotografiadas de Antoni Gaudí: la CASA MILÀ, (67) popularmente conocida como LA PEDRERA (LA CANTERA). La Casa Milà, el último edificio de viviendas construido por Gaudí, fue erigido por encargo de Pere Milà, un joven promotor urbanístico casado con Rosario Segimón, la rica viuda de un indiano llamado José Guardiola. Milà era, por aquel entonces, un triunfador, amante del lujo, las modas y las novedades: un auténtico dandi de la Barcelona modernista. Fue uno de los primeros que presumió de coche con motor por las calles de la ciudad mientras los barceloneses -quizás como desquite- bromeaban a propósito de su conocida afición al dinero y a la ostentación, preguntándose si no estaba "más interesado en la guardiola (hucha en catalán) de la viuda que en la viuda de Guardiola". Milà, completamente atrapado por la "fiebre" modernista, quería un edificio que dejara boquiabierta a la ciudad y superara en esplendor a sus notables "vecinos", las casas Batlló, Amatller y Lleó Morera. Y a fe que lo consiguió. Gaudí, animado por un presupuesto ilimitado, regaló a la ciudad un paisaje geológico, un acantilado marino y una escultura abstracta con formas orgánicas de dimensiones gigantescas. La Casa Milà es, en definitiva, el triunfo de la línea curva que se impone con una rotundidad nunca vista. La Pedrera es el nombre con el que los barceloneses bautizaron el edificio cuando lo vieron acabado en 1910, impresionados por aquella insólita y aberrante fachada que provocó muchas burlas populares y críticas de dibujantes y escritores. El pintor Santiago Rusiñol, por ejemplo, bromeaba afirmando que los habitantes de este edificio que parecía una cueva debían de tener serpientes en lugar de un perro o un gato, como animales domésticos. El político francés Georges Clemenceau, tras una visita a Barcelona, comentó de forma irónica que los catalanes se habían empapado tanto de la leyenda de san Jorge que incluso construían casas para dragones. Las caricaturas publicadas también fueron muy numerosas, como la que mostraba la Pedrera como si se tratara de un garaje para dirigibles u otros artefactos voladores que entraban y salían de los agujeros de su escollo aéreo. Algunos veían semejanzas entre la Pedrera en construcción y las imágenes que se habían publicado en los periódicos sobre los desastres de un terremoto en Andalucía.
Gaudí no concibió la Casa Milà como un simple edificio de viviendas. El arquitecto hizo de la Pedrera una obra total que rebasaba el marco de la arquitectura y se adentraba en el de la escultura. La fachada, influida por los inicios fulgurantes del Art Nouveau, está revestida con piedra calcárea, formando unos característicos volúmenes curvos que recuerdan un acantilado marino por la sugerente forma en sinuosos arabescos de los balcones de hierro forjado. La parte inferior de la fachada está construida con piedra del macizo del Garraf y la superior, con piedra calcárea de Vilafranca del Penedès, completamente labrada para conseguir una textura mate. Originalmente, Gaudí pretendió convertir la Pedrera en una alegoría religiosa del Santo Rosario culminando la fachada con un medallón de bronce de unos cuatro metros de altura. Sin embargo, el estallido de la Semana Trágica -una revuelta popular que se alzó en 1909 contra la movilización de reservistas catalanes para luchar en la guerra de Marruecos y durante la que se quemaron numerosas iglesias- convenció al señor Milà de que no era una buena idea construir un edificio de viviendas con una gigantesca virgen, ya que, probablemente, se convertiría en el blanco predilecto de las iras anticlericales, por lo que, con sentido común, optó por cancelar esta parte del proyecto. Hay quien asegura que la disposición interior de la Pedrera procede de los estudios que Gaudí había realizado sobre las fortalezas medievales. Esta hipótesis se ve avalada, en la azotea, por la similitud que presentan las chimeneas en las salidas de las escaleras con "centinelas" con un gran yelmo. El interior, sin embargo, tiene poco de fortaleza. Las pinturas de los techos de los vestíbulos y de los patios interiores son particularmente interesantes. La antigua cochera subterránea, la primera que se construyó bajo tierra en Barcelona, es un espacio semicircular y en pendiente con columnas de hierro forjado y ladrillo que sostienen el edificio (en la actualidad es un auditorio que no está incluido en la visita turística). La esposa del señor Milà, Rosario Segimón, nunca compartió la "devoción" de su marido por Gaudí, pero consintió en vivir entre techos ondulados hasta 1926 cuando, tras la muerte del arquitecto, reformó la planta principal en un estilo Luis XVI mucho más de su gusto. Este espacio es en la actualidad, una vez han sido suprimidas las paredes divisorias, el lugar en el que se exhiben las grandes exposiciones organizadas por la Fundación Caixa Catalunya, propietaria del edificio.
El Espai Gaudí (Espacio Gaudí) se encuentra en la buhardilla de la Pedrera, donde estaban los lavaderos de la casa y que ahora han recuperado su aspecto original con sencillas bóvedas parabólicas realizadas con ladrillo. Su planta, que años más tarde provocaría la admiración de Le Corbusier, tiene forma de ocho. El elemento principal son los 270 arcos parabólicos, que en ocasiones recuerdan el costillar de un inmenso animal y, a veces, parecen tener forma de palmera. La recuperación de este espacio ha supuesto la eliminación de los trece apartamentos construidos en 1953, que, por otra parte, no estaban exentos de mérito arquitectónico. Cuando la buhardilla recuperó su estado original, se comprobó que la ubicación designada por Gaudí para las ventanitas, distribuidas en diferentes niveles, había sido muy precisa con el fin de que entrase suficiente luz en todo el espacio y de que circulara constantemente el aire, ya que en la buhardilla también se tendía la ropa. Actualmente, el Espacio Gaudí explica, mediante una serie de dibujos, maquetas, fotografías y audiovisuales, la vida de Gaudí, su contexto histórico y cultural, y los valores artísticos y las innovaciones técnicas de su obra.
Desde el Espacio Gaudí se accede a la escalonada azotea de la Pedrera, bautizada por el poeta Pere Gimferrer como el "jardín de los guerreros" por el aspecto de sus chimeneas. La azotea también ha sufrido una restauración radical: sólo se han conservado las chimeneas que son originales de Gaudí. La restauración ha devuelto el esplendor a las chimeneas y a los huecos de escalera revestidos con fragmentos de mármol y trencadís de azulejo. La chimenea, coronada con capillitas de vidrio -que, según se ha dicho, realizó Gaudí al día siguiente de la inauguración del edificio aprovechando las botellas vacías de la fiesta-, se restauró con bases de botellas de champán de principios de siglo XX. El trabajo de los restauradores ha permitido recuperar la fuerza original del voladizo de piedra de Ulldecona, con fragmentos de baldosas. El conjunto tiene más color que la fachada, aunque aquí dominan las tonalidades cremosas. Desde la azotea de la Pedrera podemos ver otra perspectiva de los patios interiores y, en el horizonte del paisaje urbano, las torres de la Sagrada Família.
La última etapa de la visita es "El Piso de la Pedrera", un espacio que ayuda a conocer los elementos clave del interiorismo de Gaudí y explica la vida cotidiana de una familia burguesa de la Barcelona de principios del siglo XX. En casi 600 metros cuadrados -dos de las antiguas viviendas de la Pedrera- se encuentra la reconstrucción de una vivienda de la época en la que no faltan ni el despacho, ni los antiguos cuartos de baño ni las austeras habitaciones para el servicio doméstico.
La Casa Milà fue declarada por la UNESCO Bien Cultural del Patrimonio Mundial en 1984. Curiosamente, en esa época el aspecto de la Casa Milà era deplorable. La fachada había adquirido un sucio tono marrón oscuro, los frescos del vestíbulo estaban muy deteriorados, la planta principal se había transformado en un bingo y los escaparates de las tiendas de la planta baja no respetaban las curvas de las aberturas originales.
En 1986 CAIXA CATALUNYA adquirió el edificio e inició su restauración y rehabilitación, que se ha prolongado durante diez años. En 1996 se abrió al público como centro cultural, convirtiéndose rápidamente en uno de los espacios culturales de referencia en la ciudad de Barcelona. Actualmente, Caixa Catalunya tiene en la Pedrera la sede de la Obra Social y sus cuatro fundaciones: Fundación Caixa Catalunya (cultura), Fundación Territori i Paisatge (medio ambiente), Fundación Un Sol Món (solidaridad) y Fundación Viure i Conviure (atención social).
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Milà, completamente atrapado por
la "fiebre" modernista, quería un edificio
que dejara boquiabierta a la ciudad y superara en esplendor
a sus notables "vecinos", las casas Batlló,
Amatller y Lleó Morera. Y a fe que lo consiguió.
Gaudí, animado por un presupuesto ilimitado, regaló
a la ciudad un paisaje geológico, un acantilado marino
y una escultura abstracta con formas orgánicas de
dimensiones gigantescas. La Casa Milà es, en definitiva,
el triunfo de la línea curva que se impone con una
rotundidad nunca vista. La Pedrera es el nombre con el que
los barceloneses bautizaron el edificio cuando lo vieron
acabado en 1910, impresionados por aquella insólita
y aberrante fachada que provocó muchas burlas populares
y críticas de dibujantes y escritores. El pintor
Santiago Rusiñol, por ejemplo, bromeaba afirmando
que los habitantes de este edificio que parecía una
cueva debían de tener serpientes en lugar de un perro
o un gato, como animales domésticos. El político
francés Georges Clemenceau, tras una visita a Barcelona,
comentó de forma irónica que los catalanes
se habían empapado tanto de la leyenda de san Jorge
que incluso construían casas para dragones. Las caricaturas
publicadas también fueron muy numerosas, como la
que mostraba la Pedrera como si se tratara de un garaje
para dirigibles u otros artefactos voladores que entraban
y salían de los agujeros de su escollo aéreo.
Algunos veían semejanzas entre la Pedrera en construcción
y las imágenes que se habían publicado en
los periódicos sobre los desastres de un terremoto
en Andalucía.
Gaudí no concibió la Casa Milà como
un simple edificio de viviendas. El arquitecto hizo de la
Pedrera una obra total que rebasaba el marco de la arquitectura
y se adentraba en el de la escultura. La fachada, influida
por los inicios fulgurantes del Art Nouveau, está
revestida con piedra calcárea, formando unos característicos
volúmenes curvos que recuerdan un acantilado marino
por la sugerente forma en sinuosos arabescos de los balcones
de hierro forjado. La parte inferior de la fachada está
construida con piedra del macizo del Garraf y la superior,
con piedra calcárea de Vilafranca del Penedès,
completamente labrada para conseguir una textura mate. Originalmente,
Gaudí pretendió convertir la Pedrera en una
alegoría religiosa del Santo Rosario culminando la
fachada con un medallón de bronce de unos cuatro
metros de altura. Sin embargo, el estallido de la Semana
Trágica -una revuelta popular que se alzó
en 1909 contra la movilización de reservistas catalanes
para luchar en la guerra de Marruecos y durante la que se
quemaron numerosas iglesias- convenció al señor
Milà de que no era una buena idea construir un edificio
de viviendas con una gigantesca virgen, ya que, probablemente,
se convertiría en el blanco predilecto de las iras
anticlericales, por lo que, con sentido común, optó
por cancelar esta parte del proyecto.
Hay quien asegura que la disposición interior de
la Pedrera procede de los estudios que Gaudí había
realizado sobre las fortalezas medievales. Esta hipótesis
se ve avalada, en la azotea, por la similitud que presentan
las chimeneas en las salidas de las escaleras con "centinelas"
con un gran yelmo. El interior, sin embargo, tiene poco
de fortaleza. Las pinturas de los techos de los vestíbulos
y de los patios interiores son particularmente interesantes.
La antigua cochera subterránea, la primera que se
construyó bajo tierra en Barcelona, es un espacio
semicircular y en pendiente con columnas de hierro forjado
y ladrillo que sostienen el edificio (en la actualidad es
un auditorio que no está incluido en la visita turística).
La esposa del señor Milà, Rosario Segimón,
nunca compartió la "devoción" de
su marido por Gaudí, pero consintió en vivir
entre techos ondulados hasta 1926 cuando, tras la muerte
del arquitecto, reformó la planta principal en un
estilo Luis XVI mucho más de su gusto. Este espacio
es en la actualidad, una vez han sido suprimidas las paredes
divisorias, el lugar en el que se exhiben las grandes exposiciones
organizadas por la Fundación Caixa Catalunya, propietaria
del edificio.
El Espai Gaudí (Espacio Gaudí) se encuentra
en la buhardilla de la Pedrera, donde estaban los lavaderos
de la casa y que ahora han recuperado su aspecto original
con sencillas bóvedas parabólicas realizadas
con ladrillo. Su planta, que años más tarde
provocaría la admiración de Le Corbusier,
tiene forma de ocho. El elemento principal son los 270 arcos
parabólicos, que en ocasiones recuerdan el costillar
de un inmenso animal y, a veces, parecen tener forma de
palmera. La recuperación de este espacio ha supuesto
la eliminación de los trece apartamentos construidos
en 1953, que, por otra parte, no estaban exentos de mérito
arquitectónico. Cuando la buhardilla recuperó
su estado original, se comprobó que la ubicación
designada por Gaudí para las ventanitas, distribuidas
en diferentes niveles, había sido muy precisa con
el fin de que entrase suficiente luz en todo el espacio
y de que circulara constantemente el aire, ya que en la
buhardilla también se tendía la ropa. Actualmente,
el Espacio Gaudí explica, mediante una serie de dibujos,
maquetas, fotografías y audiovisuales, la vida de
Gaudí, su contexto histórico y cultural, y
los valores artísticos y las innovaciones técnicas
de su obra.
Desde el Espacio Gaudí se accede a la escalonada
azotea de la Pedrera, bautizada por el poeta Pere Gimferrer
como el "jardín de los guerreros" por el
aspecto de sus chimeneas. La azotea también ha sufrido
una restauración radical: sólo se han conservado
las chimeneas que son originales de Gaudí. La restauración
ha devuelto el esplendor a las chimeneas y a los huecos
de escalera revestidos con fragmentos de mármol y
trencadís de azulejo. La chimenea, coronada con capillitas
de vidrio -que, según se ha dicho, realizó
Gaudí al día siguiente de la inauguración
del edificio aprovechando las botellas vacías de
la fiesta-, se restauró con bases de botellas de
champán de principios de siglo XX. El trabajo de
los restauradores ha permitido recuperar la fuerza original
del voladizo de piedra de Ulldecona, con fragmentos de baldosas.
El conjunto tiene más color que la fachada, aunque
aquí dominan las tonalidades cremosas. Desde la azotea
de la Pedrera podemos ver otra perspectiva de los patios
interiores y, en el horizonte del paisaje urbano, las torres
de la Sagrada Família.
La última etapa de la visita es "El Piso de
la Pedrera", un espacio que ayuda a conocer los elementos
clave del interiorismo de Gaudí y explica la vida
cotidiana de una familia burguesa de la Barcelona de principios
del siglo XX. En casi 600 metros cuadrados -dos de las antiguas
viviendas de la Pedrera- se encuentra la reconstrucción
de una vivienda de la época en la que no faltan ni
el despacho, ni los antiguos cuartos de baño ni las
austeras habitaciones para el servicio doméstico.
La Casa Milà fue declarada por la UNESCO Bien Cultural
del Patrimonio Mundial en 1984. Curiosamente, en esa época
el aspecto de la Casa Milà era deplorable. La fachada
había adquirido un sucio tono marrón oscuro,
los frescos del vestíbulo estaban muy deteriorados,
la planta principal se había transformado en un bingo
y los escaparates de las tiendas de la planta baja no respetaban
las curvas de las aberturas originales.
En 1986 CAIXA CATALUNYA
adquirió el edificio e inició su restauración
y rehabilitación, que se ha prolongado durante diez
años. En 1996 se abrió al público como
centro cultural, convirtiéndose rápidamente
en uno de los espacios culturales de referencia en la ciudad
de Barcelona. Actualmente, Caixa Catalunya tiene en la Pedrera
la sede de la Obra Social y sus cuatro fundaciones: Fundación
Caixa Catalunya (cultura), Fundación Territori i
Paisatge (medio ambiente), Fundación Un Sol Món
(solidaridad) y Fundación Viure i Conviure (atención
social).
Después, si seguimos subiendo por el paseo de Gràcia,
nos encontramos a pocos metros la CASA
CASAS-CARBÓ (68) (paseo de Gràcia,
96), construida por Antoni Rovira i Rabassa en 1894, con
un interesante balcón de piedra labrada en la fachada
de la planta principal. Pero el mayor interés de
este edificio, que fue residencia del pintor Ramon Casas
y del escritor Santiago Rusiñol, reside en su interior,
en el que destacan el patio del principal, un elegante jardín
romántico de finales del siglo XIX y la chimenea
que realizó el decorador Josep Pascó (1902)
para la planta noble del inmueble. El último edificio
destacable antes de llegar a la Diagonal es el
PALAU ROBERT (PALACIO ROBERT, paseo de Gràcia,
107), una casa noble rodeada de jardines construida en 1903
por Henri Grandpierre y Joan Martorell i Montells siguiendo
pautas neoclásicas. El edificio fue una residencia
privada hasta 1981, año en que fue adquirido por
la Generalitat de Cataluña, que ha instalado unas
dependencias de información turística en su
interior. Merece la pena pasear por su jardín, un
auténtico refugio natural junto a una de las intersecciones
viarias más transitadas de Barcelona.
La confluencia de la Diagonal con el paseo de Gràcia
recibe el nombre popular de Cinc d'Oros, en honor a las
cinco farolas modernistas de Falqués que iluminaban
este lugar a principios del siglo XX. Más adelante
en la Ruta tendremos ocasión de conocer estas farolas,
ya que fueron trasladadas a la avenida de Gaudí,
entre la Sagrada Família y el Hospital de Sant Pau.
El cruce está presidido por un obelisco, donde antes
se encontraba la estatua de la República realizada
por Josep Viladomat, que fue retirada tras la Guerra Civil
y sustituida por una de Frederic Marès, al pie del
obelisco, que, durante el régimen franquista, exhibió
símbolos fascistas, eliminados por el primer ayuntamiento
democrático de 1979. La estatua La República,
de Viladomat, se encuentra actualmente en la plaza de Llucmajor,
al norte de Barcelona. -› pág. 103
Tomando la Diagonal en dirección hacia la plaza
de Francesc Macià llegamos a CASA
SERRA (69) (Rambla de Catalunya, 126), una de las
mejores muestras de palacio privado de la época en
Barcelona. La casa, construida entre 1903 y 1908 por Josep
Puig i Cadafalch, actúa hoy a modo de cortina de
un edificio contemporáneo de fachada de vidrio, obra
de Antoni Milà y Frederic Correa (1987), y este osado
conjunto es la sede de la Diputación de Barcelona.
Del proyecto original de Puig i Cadafalch tan sólo
se conservan las dos alas que dan a la esquina entre la
Rambla de Catalunya y la calle Còrsega. En el ala
de la Rambla de Catalunya hay una puerta plateresca en la
que Puig quiso recrear la puerta de la Casa Gralla, un edificio
renacentista de la calle Portaferrissa derruido en 1856.
Pero el eclecticismo del arquitecto no parecía tener
límites en la Casa Serra. Al plateresco de la puerta
hay que añadir los balcones y las ventanas, en los
que se mezclan elementos góticos y renacentistas.
Una vez en este punto vale la pena recordar que, a una
manzana de aquí, en la confluencia de las calles
Balmes y Còrsega, se encontraba la desaparecida Casa
Trinxet (1902-1904), obra de Josep Puig i Cada-falch que
contaba con un espectacular in-terior. Fue demolida en el
año 1968 a pesar del intento de artistas e intelectuales
por salvarla y convertirla en un museo del Modernismo. Muy
cerca de la Casa Serra se halla la CASA ANTONI COSTA (70)
(Rambla de Catalunya, 122), considerada el edificio de viviendas
más representativo de Josep Domènech i Estapà,
una construcción monumentalista con influencias del
mo-vimiento Secession. En la esquina de la avenida Diagonal
con la calle Enric Granados, se encuentra la magnífica
CASA SAYRACH (71) (Diagonal, 423-425), uno de los
últimos y singulares ejemplos del Modernismo barcelonés.
Construida entre 1915 y 1918, la casa resulta peculiar por
las formas curvas de su fachada, de clara influencia gaudiniana,
y por el esbelto torreón de la esquina. El interior
de la portería es una apoteosis del Modernismo más
barroco. El proyecto de la obra fue firmado por Gabriel
Borrell i Cardona, pero hoy se atribuye al arquitecto y
escritor Manuel Sayrach i Carreras. Cerca de aquí
se encuentra la CASA
SOCIETAT TORRES GERMANS (Aribau, 180), (Aribau, 180),
un edificio de Jaume Torres (1906) que destaca por los cuerpos
de tribunas en los extremos de la fachada, los esgrafiados
y la cornisa escalonada.
De nuevo en la Diagonal, en la confluencia con la calle
Buenos Aires, se encuentra la
CASA PERE COMPANY, (72) un chalé construido
por Puig i Cadafalch en 1911 y que actualmente acoge el
Museo del Deporte y Centro de Estudios Doctor Melcior Colet.
La casa fue propuesta para el premio del Ayuntamiento de
Barcelona al mejor edificio en 1911, galardón que
finalmente se llevó la fábrica Casaramona,
del mismo arquitecto. El edificio es considerado la primera
obra de la "época blanca" de Puig i Cadafalch,
en la que el arquitecto de Mataró plasmó las
influencias del Secession vienés en sus proyectos.
En la fachada se mantiene algún elemento decorativo,
como, por ejemplo, el esgrafiado de la virgen de la Asunción
de la fachada de la calle Buenos Aires, obra de Tomás
Fontanals. En 1940, el inmueble fue adquirido por un famoso
ginecólogo, el doctor Melcior Colet Torrebadella,
que lo convirtió en una clínica. Las obras
se llevaron a cabo bajo la dirección del interiorista
Santiago Marco Urrutia (1885-1949), que sólo conservó
en el interior la chimenea original de Puig i Cadafalch.
En 1982, el doctor Colet regaló el edificio a la
Dirección General de Deportes de la Generalitat para
que la transformara en un museo.
Casa Pere Company
Dirección Buenos Aires, 56-58. Horario Días laborables de 10 a 14 h y de 16 a 19 h. Festivos cerrado. Información Tel.: 934 192 232. http://cultura.gencat.net/esport/colet/index.htm Observaciones Entrada gratuita. Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Descripció Un chalé construido por Puig i Cadafalch en 1911 y que actualmente acoge el Museo del Deporte y Centro de Estudios Doctor Melcior Colet. La casa fue propuesta para el premio del Ayuntamiento de Barcelona al mejor edificio en 1911, galardón que finalmente se llevó la fábrica Casaramona, del mismo arquitecto. El edificio es considerado la primera obra de la "época blanca" de Puig i Cadafalch, en la que el arquitecto de Mataró plasmó las influencias del Secession vienés en sus proyectos. En la fachada se mantiene algún elemento decorativo, como, por ejemplo, el esgrafiado de la virgen de la Asunción de la fachada de la calle Buenos Aires, obra de Tomás Fontanals. En 1940, el inmueble fue adquirido por un famoso ginecólogo, el doctor Melcior Colet Torrebadella, que lo convirtió en una clínica. Las obras se llevaron a cabo bajo la dirección del interiorista Santiago Marco Urrutia (1885-1949), que sólo conservó en el interior la chimenea original de Puig i Cadafalch. En 1982, el doctor Colet regaló el edificio a la Dirección General de Deportes de la Generalitat para que la transformara en un museo. |
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De vuelta al Cinc d'Oros, y en la acera
opuesta de la Diagonal, nos encontramos con la CASA
PÉREZ SAMANILLO (73) (Diagonal, 502-504), sede
del Círculo Ecuestre. El edificio original, construido
en 1910 por Joan Josep Hervàs i Arizmendi, ha sufrido
numerosas modificaciones a lo largo de su historia. De este
palacete de aires neogóticos destaca especialmente
la ventana oval del comedor que da a la Diagonal, popularmente
conocida como "la pecera". Unos metros más
adelante aparece la fachada de la
ESGLÉSIA DE POMPEIA (IGLESIA DE POMPEIA. Diagonal,
450), templo de estilo neogótico que Enric Sagnier
i Villavechia diseñó entre 1907 y 1910 para
los padres capuchinos y en el que destacan especialmente la
fachada exterior, de ladrillo rojo y piedra, y la vidriera
de la entrada.
Por encima de la Diagonal y del Cinc d'Oros, el paseo de
Gràcia se convierte en un espacio conocido por los
habitantes del barrio de Gràcia como "els jardinets"
(los jardincitos). En esta zona verde hay una pequeña
colección de esculturas al aire libre: una instalación
metálica y la escultura La lectura, de Josep Clarà,
son un homenaje a Pompeu Fabra. En este tramo final del paseo
de Gràcia, entre la Diagonal y la trama urbana de la
antigua villa de Gràcia, se encuentran dos notables
edificios modernistas. Uno de ellos es la CASA
BONAVENTURA FERRER (74) (paseo de Gràcia, 113),
construida por Pere Falqués entre 1905 y 1906. Falqués
realizó en la fachada de este edificio un singular
tratamiento escultórico, especialmente en la monumental
tribuna. Cierra el paseo de Gràcia la CASA
FUSTER (75) (paseo de Gràcia, 132), la última
obra de Domènech i Montaner en Barcelona (1908-1911).
Se trata de una construcción de aire neogótico
con tres fachadas de mármol blanco y una solución
de la esquina principal, con un cuerpo cilíndrico que
forma tribunas, típica de Domènech. El edificio,
rematado por unas curiosas buhardillas de aire francés,
muy poco habituales en la arquitectura modernista catalana,
debía ir coronado con una torre similar a la del pabellón
de administración del Hospital de Sant Pau, (82) que
nunca llegó a construirse.
En los bajos del edificio funcionó, durante muchos
años, el mítico Café Vienès, que,
junto con la sala de baile El Danubio, que se encontraba en
el sótano, era un lugar de encuentro privilegiado de
la ciudad. En el año 2004 la empresa Hoteles Center,
que compró el inmueble realizando una esmerada y respetuosa
rehabilitación para convertirlo en un hotel de gran
lujo, reabrió el Café Vienès (para más
información véase Salimos, guía de bares
y restaurantes modernistas).
De vuelta a la Diagonal, y en dirección al paseo de
Sant Joan, la Ruta pasa por otro edificio de Josep Puig i
Cadafalch, el PALAU
DEL BARÓ DE QUADRAS. (76) (PALACIO DEL BARÓ
DE QUADRAS). Este palacio, construido entre 1904 y 1906, alberga
en la actualidad la Casa Àsia, institución pública
constituida en el año 2001 con el objetivo de promover
la realización de actuaciones y proyectos para impulsar
la relación con Asia en los ámbitos institucional,
cultural, académico y económico. El edificio
es toda una lección de la creatividad y elegancia de
Puig i Cadafalch. Todo en él es ejemplar: desde los
interiores, con un vestíbulo muy ornamentado, hasta
la reja de la puerta y la fachada, en la que se conjugan formas
góticas y platerescas con una abundante decoración
floral. Una de las curiosidades es su doble fachada: la de
la Diagonal acentúa el carácter noble y singular
del palacio, mientras que la de atrás (calle Rosselló)
evidencia el carácter de edificio de viviendas. El
interior tiene un sabor oriental gracias a los mosaicos romanos,
las policromías sobre madera, los esgrafiados y las
celosías de madera.
Palau del Baró de Quadras
Dirección Diagonal, 373. Horario Biblioteca: de lunes a viernes de 10 a 20h. Sábados de 10 a 14h. Exposiciones: de martes a sábado de 10 a 20h. Domingos y festivos de 10 a 14h. Cerrado el 1 y 2 de enero y el 24, 25, 26 y 31 de diciembre.
Información Tel.: 932 387 337. www.casaasia.es Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Descripción Este palacio, construido entre 1904 y 1906, alberga en la actualidad la Casa Àsia, institución pública constituida en el año 2001 con el objetivo de promover la realización de actuaciones y proyectos para impulsar la relación con Asia en los ámbitos institucional, cultural, académico y económico. El edificio es toda una lección de la creatividad y elegancia de Puig i Cadafalch. Todo en él es ejemplar: desde los interiores, con un vestíbulo muy ornamentado, hasta la reja de la puerta y la fachada, en la que se conjugan formas góticas y platerescas con una abundante decoración floral. Una de las curiosidades es su doble fachada: la de la Diagonal acentúa el carácter noble y singular del palacio, mientras que la de atrás (calle Rosselló) evidencia el carácter de edificio de viviendas. El interior tiene un sabor oriental gracias a los mosaicos romanos, las policromías sobre madera, los esgrafiados y las celosías de madera. |
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