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En la acera de enfrente se alza la C ASA
COMALAT (77) (Diagonal, 442), obra insólita
de Salvador Valeri i Popurull (1909-1911), de claras influencias
gaudinianas. Destacan especialmente las fachadas: la principal,
simétrica y urbana, y la posterior (calle Còrsega),
menos formal, policromada y decorada con unas curiosas galerías
de madera con persianas y cerámicas de colores. El
interior no es menos espectacular: además de los espléndidos
pavimentos de mosaico, cuenta con un mobiliario exquisito,
de formas extremadas, en particular los bancos y las lámparas
del vestíbulo.
Por la misma acera de la Diagonal, en la
confluencia con las calles Rosselló y Roger de Llúria,
llegamos a la CASA
TERRADES (78) (Diagonal, 416-420). Este edificio, conocido
popularmente como la CASA
DE LES PUNXES, fue construido entre 1903 y 1905 por
Josep Puig i Cadafalch. La Casa de les Punxes posee una silueta
característica y es una de las obras más famosas
del Modernismo. El edificio se alza en un extenso solar que
era propiedad de las hermanas Terrades y está formado
por tres casas de viviendas aunque parece un bloque uniforme.
En su construcción Puig i Cadafalch estilizó
al máximo sus típicos elementos de inspiración
medieval, reforzándolos hasta el punto de que parece
un castillo. El edificio tiene cuatro torres redondas rematadas
con agujas cónicas -las "punxes", es decir,
las puntas-, una torre principal con cimborio y una legión
de tribunas y miradores de estilo gótico flamígero.
El escritor australiano Robert Hughes la describe en su libro
Barcelona como "una mezcla entre una casa gremial flamenca
y un castillo del loco Luis II de Baviera". En su espectacular
fachada de ladrillo, excepto en la planta baja, que es de
piedra, destacan los forjados, los balcones y los paneles
de cerámica con motivos patrióticos. El mayor
y más conocido de estos paneles es el que representa
a san Jorge, en el que aparece la leyenda: "Sant Patró
de Catalunya, torneu-nos la llibertat" (Santo Patrón
de Cataluña, devolvednos la libertad), que fue considerada
por algunos una provocación. El histriónico
político españolista de la época, Alejandro
Lerroux, calificó este panel de "crimen contra
la nación" (española, en este caso), pero
el arte prevaleció sobre la política y el escudo
sobrevivió, incluso durante el fascismo y con una comisaría
de policía enfrente.
Siguiendo por la Diagonal llegamos a la plaza
Mossèn Jacint Verdaguer, presidida por un monumento
a este poeta catalán proyectado en 1914 por un Josep
M. Pericas cuya evolución artística ya lo iba
alejando del Modernismo, con una estatua de Joan Borrell y
relieves de los hermanos Oslé. Desde esta plaza se
ve la CASA MACAYA
(79) (paseo de Sant Joan, 108), residencia urbana construida
por Josep Puig i Cadafalch entre 1899 y 1901. La fachada blanca
del palacio, culminada con dos torreones laterales, luce unos
esgrafiados y unas aberturas con decoración escultórica
en las que destacan los capiteles de Eusebi Arnau, con temas
muy contemporáneos (como el ciclista que hay junto
a la puerta principal). La exquisita decoración del
interior se ha perdido casi en su totalidad a excepción
del vestíbulo, decorado con esgrafiados y azulejos,
y del patio, presidido por una escalera abierta al más
puro estilo de los palacios medievales barceloneses.
Volviendo a la Diagonal y en dirección
a la plaza de las Glòries, nos encontramos, en la esquina
con la calle Sicília, con la CASA
PLANELLS (80) (Diagonal, 332), una original edificación
de formas redondeadas construida entre 1923 y 1924 por Josep
Maria Jujol i Gibert, discípulo de Gaudí. Muchos
especialistas consideran esta casa como la última obra
modernista de Barcelona en la que es evidente la influencia
de las nuevas corrientes racionalistas. Jujol solucionó
de forma admirable el aprovechamiento de un pequeño
solar para diseñar unos pulcros pisos dúplex
comunicados por una escalera interior de caracol.
Subiendo por la calle Sicília y torciendo
a la derecha por la calle Mallorca llegamos al
TEMPLE EXPIATORI DE LA SAGRADA FAMÍLIA. (81)
(TEMPLO EXPIATORIO DE LA SAGRADA FAMÍLIA). Gaudí
fue también un arquitecto único en su época
por haber sido uno de los pocos que recibió un encargo
que le duró toda la vida -y, de hecho, lo sobrevivió-:
la Sagrada Família. Este templo destaca por su originalidad,
por la ambición que demuestra y por sus gigantescas
dimensiones.
Temple Expiatori de la Sagrada Família
Dirección Mallorca, 401. Horario Abierto todos los días del año. De octubre a marzo, de 9 a 18 h; y de abril a septiembre, de 9 a 20 h. Cierra por la tarde los días 25 y 26 de diciembre y el 1 y 6 de enero. Este año, del 17 de marzo hasta el 13 de abril, el Templo abrirá de 9 a 19 horas. Información Tel.: 932 080 414. www.sagradafamilia.org Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Precios y descuento Precios.
Adultos: 12,00 €.
Menores de 18 años, estudiantes y jubilados: 9,00 €.
Grupos: 10,00 € por persona (+ de 20 personas).
Reserva obligatoria. De lunes a viernes, de 9 a 14 h. Tel.: 934 572 284.
Menores de 10 años: entrada gratuita.
Adultos+ visita guiada: 16,00 €.
Con el descuento de la Ruta del Modernismo: 11,00€ (tarifa de adultos).
Descripción Subiendo por la calle Sicília y torciendo a la derecha por la calle Mallorca llegamos al TEMPLE EXPIATORI DE LA SAGRADA FAMÍLIA. (81) (TEMPLO EXPIATORIO DE LA SAGRADA FAMÍLIA). Gaudí fue también un arquitecto único en su época por haber sido uno de los pocos que recibió un encargo que le duró toda la vida -y, de hecho, lo sobrevivió-: la Sagrada Família. Este templo destaca por su originalidad, por la ambición que demuestra y por sus gigantescas dimensiones. El origen del Templo Expiatorio de la Sagrada Família se remonta a 1869, cuando Josep M. Bocabella, fundador de la Asociación Josefina, dedicada a propagar la devoción a San José, tuvo la idea de erigir un templo en honor a la Sagrada Familia (San José, la Virgen María y Jesucristo). Bocabella adquirió un solar y, en 1882, inició la construcción de una iglesia de estilo neogótico con el objetivo de construir una catedral de los pobres que contrarrestase el radicalismo político de la clase obrera de Barcelona, la ciudad que el pensador anarquista, Mijaíl Bakunin, señala como la más revolucionaria de todas las ciudades europeas. Sin embargo, el templo adquirió con el tiempo un significado muy diferente a medida que el catalanismo más conservador se iba identificando con el proyecto. El primer arquitecto del templo fue Francesc de Paula Villar, pero la falta de entendimiento con Bocabella provocó un cambio de planes radical. Villar fue despedido y sustituido por Antoni Gaudí, que terminó la cripta y presentó un nuevo proyecto mucho más ambicioso: construir una catedral con una torre central dedicada al Salvador de 170 metros de altura. La idea entusiasmó al devoto Bocabella y Gaudí se puso manos a la obra rápidamente. En 1891 se iniciaron las obras de la fachada del Nacimiento. Treinta y cuatro años después Gaudí sólo había acabado el primero de los cuatro campanarios que se alzan en esta parte. Los otros tres se finalizaron después de la muerte del arquitecto.
La Sagrada Família puede considerarse como una Biblia en piedra gracias al gran número de símbolos cristianos que Gaudí plasmó en sus fachadas, en las que aparecen -o aparecerán- desde Adán y Eva hasta los Doce Apóstoles, pasando por los episodios principales de la vida de Jesús así como por todos los grandes símbolos del Antiguo Testamento. La Sagrada Família es, en definitiva, un monumento que podría ser "leído" como una iniciación completa a la religión católica. Sin embargo, la importancia de este edificio no es exclusivamente religiosa, sino que se trata también del "libro de Gaudí", la más clara lección de su forma de construir, una especie de testamento en el que Gaudí aplicó todas las soluciones estructurales que estudió y probó en sus diferentes obras y donde nuevamente rindió homenaje a la naturaleza, a la que él llamaba "la mejor constructora" y a la que siempre intentó imitar. Un ejemplo de ello son las columnas inclinadas apoyadas en pequeños fragmentos de bóveda hiperbólica en las que se sustenta el tempo, que producen el efecto de un bosque.
La fachada del Nacimiento, en la calle Marina, es la gran obra figurativa de Gaudí. Finalizada casi en su totalidad por el propio arquitecto, intenta expresar y comunicar la alegría de la creación por el nacimiento de Jesús. En la arquivolta central se puede ver a Jesús, José y María entre el buey y la mula bajo la estrella de Oriente, rodeados de ángeles, músicos y cantores. Un detenido examen de su decoración permite localizar un centenar de especies vegetales diferentes y otros tantos animales representados escultóricamente en las arquivoltas y las hornacinas. Esta fachada tiene tres puertas. La central es la puerta de la Caridad y en ella se presentan los nombres de la genealogía de Cristo, la serpiente con la manzana, el niño Jesús con el buey y la mula, y los signos del Zodíaco tal como estaban el día del nacimiento de Jesús. En la parte izquierda se encuentra la puerta de la Esperanza, en la que se representan las bodas de José y María, los degüellos del día de los inocentes y la huida a Egipto, y una representación de la montaña de Montserrat con la inscripción "Salveu-nos" (Salvadnos). En el lado opuesto se encuentra la puerta de la Fe, en la que están representados el episodio de la Visitación y Jesús entre los doctores del templo y en su banco de carpintero. En los pináculos de esta fachada se ven espigas y racimos y la imagen de María según el dogma de la Inmaculada.
La fachada de la calle Sardenya es la contraposición a la fachada del Nacimiento. Esta fachada incluye más de un centenar de esculturas contemporáneas que, realizadas por el escultor Josep Maria Subirachs, siguiendo los esbozos de Gaudí, evocan la Pasión y muerte de Cristo. La desolación, la desnudez, el dolor, el sacrificio y la muerte presiden la Pasión de Cristo para anunciar su resurrección y ascensión al cielo. Gaudí repetía que si hubiera comenzado por esta fachada, la gente hubiera renegado de la Sagrada Família. En contraste con la decorada, ornamentada y turgente fachada del Nacimiento, la puerta de la Pasión es dura y de líneas acusadas, pelada, como si estuviera hecha de huesos. Tras un pórtico soportado por seis grandes columnas inclinadas, como si fueran troncos de grandes secuoyas, se alza un inmenso frontón con dieciocho columnas más pequeñas. La falta de decoración concentra la tragedia en los hechos principales, llenos de dramatismo, presididos por la figura de Cristo desnudo en el momento de su muerte.
Falta por construir la fachada principal, que, según el proyecto de Gaudí, miraba al mar por encima de la calle Mallorca, que quedaba cubierta por una gran plaza que daba a una inmensa escalinata que ocuparía lo que en la actualidad es la manzana de casas que está situada delante del templo. Lo que empieza a tomar forma son unos espacios totalmente nuevos que constituyen las naves del templo, en las que se perciben soluciones geométricas y estructurales insólitas. Las naves son el resultado de años de estudio y reflexión, ya que hacia 1910 Gaudí inició los esbozos a los que, posteriormente, incorporó la experiencia adquirida en la capilla de la Colònia Güell: una solución con columnas ligeramente helicoidales, arcos y bóvedas paraboloides hiperbólicas. Sin embargo, el descubrimiento de la luminosidad de la hipérbole llevó a Gaudí a utilizar una crucería de cúpulas cóncavo-convexas que se ajustan con columnas, muros y ventanales y que, materializadas en una escala 1/10, constituyen la visión del bosque que frecuentemente le servía de imagen para explicar su proyecto.
El museo del templo conserva la historia de su construcción en planos de situación, fotografías de momentos de la construcción, fragmentos de maquetas, iconografía y trabajos en hierro forjado, madera y metal diseñados por Gaudí, además de fotografías y un audiovisual sobre otros edificios del mismo arquitecto. También se pueden contemplar en él las maquetas de la nave central y de las fachadas. Como elementos más singulares, se expone la maqueta que le sirvió a Gaudí para calcular la estructura de la iglesia de la Colònia Güell y una veintena de dibujos originales del arquitecto. También figuran fotografías de elementos que diseñó y que se modelaron en los talleres del templo. Una de las instalaciones anexas es la que acogía las Escuelas de la Sagrada Família, un sencillo edificio curvilíneo con la impronta de Gaudí que deslumbró a Le Corbusier por su osadía técnica. Estas escuelas, construidas originariamente para enseñar en ellas a los hijos de los albañiles que trabajaban en la obra, se encuentran en un edificio innovador en el que Gaudí no utilizó el hierro sino que realizó todas las estructuras a base de ladrillo, con lo que consiguió la máxima plasticidad utilizando un material muy barato.
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El origen del Templo Expiatorio de la Sagrada Família
se remonta a 1869, cuando Josep M. Bocabella, fundador de
la Asociación Josefina, dedicada a propagar la devoción
a San José, tuvo la idea de erigir un templo en honor
a la Sagrada Familia (San José, la Virgen María
y Jesucristo). Bocabella adquirió un solar y, en 1882,
inició la construcción de una iglesia de estilo
neogótico con el objetivo de construir una catedral
de los pobres que contrarrestase el radicalismo político
de la clase obrera de Barcelona, la ciudad que el pensador
anarquista, Mijaíl Bakunin, señala como la más
revolucionaria de todas las ciudades europeas. Sin embargo,
el templo adquirió con el tiempo un significado muy
diferente a medida que el catalanismo más conservador
se iba identificando con el proyecto. El primer arquitecto
del templo fue Francesc de Paula Villar, pero la falta de
entendimiento con Bocabella provocó un cambio de planes
radical. Villar fue despedido y sustituido por Antoni Gaudí,
que terminó la cripta y presentó un nuevo proyecto
mucho más ambicioso: construir una catedral con una
torre central dedicada al Salvador de 170 metros de altura.
La idea entusiasmó al devoto Bocabella y Gaudí
se puso manos a la obra rápidamente. En 1891 se iniciaron
las obras de la fachada del Nacimiento. Treinta y cuatro años
después Gaudí sólo había acabado
el primero de los cuatro campanarios que se alzan en esta
parte. Los otros tres se finalizaron después de la
muerte del arquitecto.
La Sagrada Família puede considerarse
como una Biblia en piedra gracias al gran número de
símbolos cristianos que Gaudí plasmó
en sus fachadas, en las que aparecen -o aparecerán-
desde Adán y Eva hasta los Doce Apóstoles, pasando
por los episodios principales de la vida de Jesús así
como por todos los grandes símbolos del Antiguo Testamento.
La Sagrada Família es, en definitiva, un monumento
que podría ser "leído" como una iniciación
completa a la religión católica. Sin embargo,
la importancia de este edificio no es exclusivamente religiosa,
sino que se trata también del "libro de Gaudí",
la más clara lección de su forma de construir,
una especie de testamento en el que Gaudí aplicó
todas las soluciones estructurales que estudió y probó
en sus diferentes obras y donde nuevamente rindió homenaje
a la naturaleza, a la que él llamaba "la mejor
constructora" y a la que siempre intentó imitar.
Un ejemplo de ello son las columnas inclinadas apoyadas en
pequeños fragmentos de bóveda hiperbólica
en las que se sustenta el tempo, que producen el efecto de
un bosque.
La fachada del Nacimiento, en la calle Marina,
es la gran obra figurativa de Gaudí. Finalizada casi
en su totalidad por el propio arquitecto, intenta expresar
y comunicar la alegría de la creación por el
nacimiento de Jesús. En la arquivolta central se puede
ver a Jesús, José y María entre el buey
y la mula bajo la estrella de Oriente, rodeados de ángeles,
músicos y cantores. Un detenido examen de su decoración
permite localizar un centenar de especies vegetales diferentes
y otros tantos animales representados escultóricamente
en las arquivoltas y las hornacinas. Esta fachada tiene tres
puertas. La central es la puerta de la Caridad y en ella se
presentan los nombres de la genealogía de Cristo, la
serpiente con la manzana, el niño Jesús con
el buey y la mula, y los signos del Zodíaco tal como
estaban el día del nacimiento de Jesús. En la
parte izquierda se encuentra la puerta de la Esperanza, en
la que se representan las bodas de José y María,
los degüellos del día de los inocentes y la huida
a Egipto, y una representación de la montaña
de Montserrat con la inscripción "Salveu-nos"
(Salvadnos). En el lado opuesto se encuentra la puerta de
la Fe, en la que están representados el episodio de
la Visitación y Jesús entre los doctores del
templo y en su banco de carpintero. En los pináculos
de esta fachada se ven espigas y racimos y la imagen de María
según el dogma de la Inmaculada.
La fachada de la calle Sardenya es la contraposición
a la fachada del Nacimiento. Esta fachada incluye más
de un centenar de esculturas contemporáneas que, realizadas
por el escultor Josep Maria Subirachs, siguiendo los esbozos
de Gaudí, evocan la Pasión y muerte de Cristo.
La desolación, la desnudez, el dolor, el sacrificio
y la muerte presiden la Pasión de Cristo para anunciar
su resurrección y ascensión al cielo. Gaudí
repetía que si hubiera comenzado por esta fachada,
la gente hubiera renegado de la Sagrada Família. En
contraste con la decorada, ornamentada y turgente fachada
del Nacimiento, la puerta de la Pasión es dura y de
líneas acusadas, pelada, como si estuviera hecha de
huesos. Tras un pórtico soportado por seis grandes
columnas inclinadas, como si fueran troncos de grandes secuoyas,
se alza un inmenso frontón con dieciocho columnas más
pequeñas. La falta de decoración concentra la
tragedia en los hechos principales, llenos de dramatismo,
presididos por la figura de Cristo desnudo en el momento de
su muerte.
Falta por construir la fachada principal,
que, según el proyecto de Gaudí, miraba al mar
por encima de la calle Mallorca, que quedaba cubierta por
una gran plaza que daba a una inmensa escalinata que ocuparía
lo que en la actualidad es la manzana de casas que está
situada delante del templo. Lo que empieza a tomar forma son
unos espacios totalmente nuevos que constituyen las naves
del templo, en las que se perciben soluciones geométricas
y estructurales insólitas. Las naves son el resultado
de años de estudio y reflexión, ya que hacia
1910 Gaudí inició los esbozos a los que, posteriormente,
incorporó la experiencia adquirida en la capilla de
la Colònia Güell: una solución con columnas
ligeramente helicoidales, arcos y bóvedas paraboloides
hiperbólicas. Sin embargo, el descubrimiento de la
luminosidad de la hipérbole llevó a Gaudí
a utilizar una crucería de cúpulas cóncavo-convexas
que se ajustan con columnas, muros y ventanales y que, materializadas
en una escala 1/10, constituyen la visión del bosque
que frecuentemente le servía de imagen para explicar
su proyecto.
El museo del templo conserva la historia
de su construcción en planos de situación, fotografías
de momentos de la construcción, fragmentos de maquetas,
iconografía y trabajos en hierro forjado, madera y
metal diseñados por Gaudí, además de
fotografías y un audiovisual sobre otros edificios
del mismo arquitecto. También se pueden contemplar
en él las maquetas de la nave central y de las fachadas.
Como elementos más singulares, se expone la maqueta
que le sirvió a Gaudí para calcular la estructura
de la iglesia de la Colònia Güell y una veintena
de dibujos originales del arquitecto. También figuran
fotografías de elementos que diseñó y
que se modelaron en los talleres del templo. Una de las instalaciones
anexas es la que acogía las Escuelas de la Sagrada
Família, un sencillo edificio curvilíneo con
la impronta de Gaudí que deslumbró a Le Corbusier
por su osadía técnica. Estas escuelas, construidas
originariamente para enseñar en ellas a los hijos de
los albañiles que trabajaban en la obra, se encuentran
en un edificio innovador en el que Gaudí no utilizó
el hierro sino que realizó todas las estructuras a
base de ladrillo, con lo que consiguió la máxima
plasticidad utilizando un material muy barato.
Desde la fachada del Nacimiento de la Sagrada
Família, la calle Marina nos lleva al inicio de la
avenida de Gaudí, un agradable paseo para peatones
en el que encontramos las farolas modernistas realizadas por
Pere Falqués, que en un principio se encontraban en
el Cinc d'Oros, en el cruce de la avenida Diagonal y el paseo
de Gràcia. La avenida de Gaudí nos llevará
hasta el HOSPITAL DE
LA SANTA CREU I SANT PAU (82) que alberga uno de los
tres Centros del Modernismo de Barcelona, donde con esta guía
se pueden obtener gratuitamente los vales de descuento de
la Ruta del Modernismo y encontrar información sobre
el Modernismo en Barcelona. El Hospital de la Santa Creu i
Sant Pau es una de las instituciones más emblemáticas
y arraigadas en Barcelona. Se fundó en 1401 después
de las plagas de hambre y peste que se produjeron en la ciudad
a finales del siglo XIV. La primera sede del Hospital fue
un edificio de arquitectura gótica catalana en el centro
del barrio del Raval que, con los años, se fue ampliando
con otros edificios (calle Carme, 47 y calle Hospital, 56).
Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. Recinte històric.
Dirección Sant Antoni Maria Claret, 167. Horarios
Centro del Modernismo: de lunes a domingo de 9.30 a 13.30h.
Visitas guiadas:
10.00h inglés
10.30h francés
11.00h inglés
11.30h CASTELLANO
12.00h inglés
12.30h catalán
13.00h inglés
Visitas concertadas cualquier día y hora de la semana, en catalán, castellano, inglés o francés.
Cerrado el 1 y el 6 de enero y el 25 y el 26 de diciembre.
Información Tel.: 933 177 652.www.rutadelmodernisme.com
Precios y descuentos
Precio: Adultos 10,00 €.
Menores de 18 años, mayores de 65 años y parados 5,00€.
Descuento de la Ruta del Modernismo: 50% sobre las dos tarifas.
Visitas guiadas concertadas para grupos Previa reserva al tel.: 932 562 504 o a la dirección electrónica: cultura-impuqv@bcn.cat
Precio grupos: 150,00 €
Precio grupos escolares: 120,00 €
Precio grupos de jubilados: 120,00 € Observaciones
ACCESO RESTRINGIDO POR OBRAS EN EL CONJUNTO MODERNISTA DE SANT PAU
A partir del 19/11/2009, se restringirá el acceso del público a la parte central del conjunto modernista del Hospital de Sant Pau por obras de rehabilitación de los pabellones modernistas. El acceso al recinto histórico quedará limitado únicamente a las visitas guiadas de la Ruta del Modernismo de Barcelona, con los mismos horarios. Como hasta ahora, las visitas se iniciarán en la entrada del edificio principal (esquina Sant Antoni M. Claret / Cartagena) y en los mismos horarios.
Descripción La avenida de Gaudí nos llevará hasta el HOSPITAL DE LA SANTA CREU I SANT PAU (82) que alberga uno de los tres Centros del Modernismo de Barcelona, donde con esta guía se pueden obtener gratuitamente los vales de descuento de la Ruta del Modernismo y encontrar información sobre el Modernismo en Barcelona. El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau es una de las instituciones más emblemáticas y arraigadas en Barcelona. Se fundó en 1401 después de las plagas de hambre y peste que se produjeron en la ciudad a finales del siglo XIV. La primera sede del Hospital fue un edificio de arquitectura gótica catalana en el centro del barrio del Raval que, con los años, se fue ampliando con otros edificios (calle Carme, 47 y calle Hospital, 56). El edificio del Eixample se comenzó a construir en 1902, según un proyecto de Lluís Domènech i Montaner, coincidiendo con la industrialización de la ciudad y con las nuevas ideas sobre higiene y salud pública aplicadas al urbanismo, promovidas por el médico Pere Felip Monlau y por urbanistas e ingenieros como Ildefons Cerdà y Pere García Faria, este último responsable del diseño de la red de alcantarillado de la Barcelona del siglo XIX. El hospital se erige en uno de los extremos del Eixample, un lugar conocido como "la montaña pelada", en terrenos adquiridos por el antiguo Hospital de la Santa Creu y ampliados gracias a una donación del banquero Pau Gil, que en su testamento dispuso que a su muerte se construyera un centro sanitario que llevase su patronímico y, por esta razón, se añadió el nombre de Sant Pau al de la Santa Creu. Las obras se iniciaron en 1902 y el rey Alfonso XIII inauguró oficialmente el nuevo centro en 1930, cuando el hospital ya había abandonado su antigua ubicación en el Raval.
La obra de Lluís Domènech i Montaner está considerada como uno de los mejores conjuntos modernistas del mundo. El hospital es una auténtica ciudad, con calles, jardines y edificios. El pabellón de acceso, coronado por una esbelta torre y un reloj, cuenta con una fachada de ladrillo de cara vista que domina todo el conjunto, enriquecida con mosaicos de temas históricos y capiteles y ménsulas de piedra con forma de ángeles, unas obras sintéticas realizadas por un joven escultor, Pau Gargallo. También destacan los mosaicos de Mario Maragliano y la gran escalera y los techos, de reminiscencias islámicas. Dos cifras indican las fechas de inicio y finalización de las obras de este edificio principal (la fecha de inicio, 1905, con la letra griega alfa y, la de finalización, 1910, con la letra omega). El pabellón de entrada y los diez pabellones situados en torno a él fueron construidos directamente bajo la batuta de Domènech i Montaner y son una muestra del uso inteligente, característico del arquitecto, de la piedra, del hierro y de la cerámica. El resto de los pabellones del conjunto, como la Casa de Convalescència, son obra de Pere Domènech i Roura, hijo del arquitecto. Algunos pabellones reciben nombres de santos y santas, mientras que otros están bautizados con nombres de vírgenes. Los pabellones, rodeados de jardines, están conectados por una red de pasillos subterráneos de dos kilómetros. Domènech concibió un hospital totalmente innovador, disgregando el edificio en una serie de células, con mucha luz solar y aire fresco, en las que los enfermos y los médicos disfrutaban de un entorno natural más saludable que el del viejo hospital medieval. Uno de los pabellones, destinado actualmente a cafetería, presenta una fachada barroca insólita, la de la antigua iglesia de Santa Marta (1733), obra de Carles Grau. La fachada fue desmontada cuando se derribó la iglesia en 1909 para dejar sitio a la Via Laietana, y trasladada y colocada en la puerta de la cocina del hospital en 1928. El hospital, que ocupa una superficie equivalente a nueve manzanas del Eixample, ha sido objeto de diferentes restauraciones. Los pabellones modernistas de Sant Pau fueron declarados Monumento Histórico-Artístico en 1978 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997. El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau inaugura su tercera sede en el siglo XXI: un edificio situado en el extremo nordeste de los terrenos, separado del recinto modernista. En lo que respecta a los pabellones modernistas, se reservarán para nuevos usos relacionados con actividades de docencia, investigación y divulgación, a medida que el hospital se vaya trasladando a los nuevos edificios.
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El edificio del Eixample se comenzó
a construir en 1902, según un proyecto de Lluís
Domènech i Montaner, coincidiendo con la industrialización
de la ciudad y con las nuevas ideas sobre higiene y salud
pública aplicadas al urbanismo, promovidas por el médico
Pere Felip Monlau y por urbanistas e ingenieros como Ildefons
Cerdà y Pere García Faria, este último
responsable del diseño de la red de alcantarillado
de la Barcelona del siglo XIX. El hospital se erige en uno
de los extremos del Eixample, un lugar conocido como "la
montaña pelada", en terrenos adquiridos por el
antiguo Hospital de la Santa Creu y ampliados gracias a una
donación del banquero Pau Gil, que en su testamento
dispuso que a su muerte se construyera un centro sanitario
que llevase su patronímico y, por esta razón,
se añadió el nombre de Sant Pau al de la Santa
Creu. Las obras se iniciaron en 1902 y el rey Alfonso XIII
inauguró oficialmente el nuevo centro en 1930, cuando
el hospital ya había abandonado su antigua ubicación
en el Raval.
La obra de Lluís Domènech i
Montaner está considerada como uno de los mejores conjuntos
modernistas del mundo. El hospital es una auténtica
ciudad, con calles, jardines y edificios. El pabellón
de acceso, coronado por una esbelta torre y un reloj, cuenta
con una fachada de ladrillo de cara vista que domina todo
el conjunto, enriquecida con
mosaicos de temas históricos y capiteles y ménsulas
de piedra con forma de ángeles, unas obras sintéticas
realizadas por un joven escultor, Pau Gargallo. También
destacan los mosaicos de Mario Maragliano y la gran escalera
y los techos, de reminiscencias islámicas. Dos cifras
indican las fechas de inicio y finalización de las
obras de este edificio principal (la fecha de inicio, 1905,
con la letra griega alfa y, la de finalización, 1910,
con la letra omega). El pabellón de entrada y los diez
pabellones situados en torno a él fueron construidos
directamente bajo la batuta de Domènech i Montaner
y son una muestra del uso inteligente, característico
del arquitecto, de la piedra, del hierro y de la cerámica.
El resto de los pabellones del conjunto, como la Casa de Convalescència,
son obra de Pere Domènech i Roura, hijo del arquitecto.
Algunos pabellones reciben nombres de santos y santas, mientras
que otros están bautizados con nombres de vírgenes.
Los pabellones, rodeados de jardines, están conectados
por una red de pasillos subterráneos de dos kilómetros.
Domènech concibió un hospital totalmente innovador,
disgregando el edificio en una serie de células, con
mucha luz solar y aire fresco, en las que los enfermos y los
médicos disfrutaban de un entorno natural más
saludable que el del viejo hospital medieval. Uno de los pabellones,
destinado actualmente a cafetería, presenta una fachada
barroca insólita, la de la antigua iglesia de Santa
Marta (1733), obra de Carles Grau. La fachada fue desmontada
cuando se derribó la iglesia en 1909 para dejar sitio
a la Via Laietana, y trasladada y colocada en la puerta de
la cocina del hospital en 1928.
Lluís Domènech
i Montaner
Hijo de un encuadernador, Lluís
Domènech i Montaner nació
en Barcelona el 27 de diciembre de 1849.
Fue un hombre polifacético que
combinaba su pasión por el dibujo
con la literatura, la historia, la edición
de lujo, la docencia, la política
y, naturalmente, la arquitectura. Domènech
entendía la arquitectura como si
se tratara de la dirección de una
orquesta. Él llevaba la batuta
y todos los instrumentos (los vidrieros,
los escultores, los ebanistas, los fabricantes
de mosaicos y pavimentos...) tenían
que sonar a la perfección.
El joven Domènech fue un estudiante
brillante, de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales en Barcelona, y después
de Ingeniería en Madrid. Esta disciplina
le condujo al final a la Arquitectura,
cuyo título obtuvo en 1873. Fue
profesor de la Escuela de Arquitectura
de Barcelona desde su fundación,
en 1875 (y fue, por tanto, maestro de
Gaudí y de Puig i Cadafalch), y
de 1900 a 1920 fue su director. La publicación
en 1879 en la revista La Renaixença
del artículo “En busca de
una arquitectura nacional” le hizo
merecedor, junto a obras posteriores,
de cierta notoriedad como teórico
del arte y difusor de las ideas más
nuevas en arquitectura, especialmente
las de su admirado Viollet-le-Duc.
Considerado hoy por muchos el “más
modernista” de los artistas del
Modernismo catalán, lo cierto es
que Lluís Domènech viajó
y conoció lo que hacían
en el resto de Europa los artistas del
Art Nouveau, el Secession o el Arts and
Crafts, y trabó amistad con algunos
de ellos. Era, de hecho, un humanista
de su tiempo, que se desarrolló
en campos muy diversos del conocimiento,
desde la botánica hasta la edición
y la ilustración: fue uno de los
heraldistas más destacados del
país, periodista de cierta repercusión
y elegido en diversas ocasiones presidente
del Ateneu Barcelonès. Su carrera
política fue larga: empezó
en un mo-vimiento catalanista llamado
Jove Catalunya hasta llegar a las presidencias
de la Lliga de Catalunya y la Unió
Catalanista, los dos primeros grandes
partidos de la Renaixença catalana
(el “Renacimiento” cultural
y político catalán que surgió
en la segunda mitad del siglo XIX). Fue
redactor destacado de la primera declaración
soberanista catalana, las Bases de Manresa,
de 1892, y elegido diputado a las Cortes
de Madrid en 1904 en la llamada “candidatura
de los cuatro presidentes”, considerada
el primer triunfo del catalanismo político.
Sin embargo, muy pronto Domènech
se enfrentó con el líder
de la Lliga, Francesc Cambó, y
abandonó el catalanismo conservador
para fundar un nuevo partido, Esquerra
Catalana, y dirigir el periódico
El Poble Català.
El golpe de Estado del general Primo
de Rivera, en 1923, conllevó la
disolución de las estructuras de
gobierno regionales en Cataluña
y la prohibición a todos los niveles
de la actividad política catalanista
y también de las manifestaciones
culturales catalanas más ingenuas
(¡incluso fue clausurado el estadio
del Fútbol Club Barcelona!). Domènech,
un hombre siempre apasionado por la vida
y amante del refinamiento y de las expresiones
más civilizadas, se sintió
profundamente afectado por la brutalidad
de la represión y el establecimiento
de un régimen militar que él
no podía ver sino como ilegítimo
y bárbaro. Retirado a la vida familiar,
murió aquel invierno, el mismo
día de su nacimiento.
Además de en Barcelona, Domènech
dejó grandes obras en Canet de
Mar, de donde procedía la familia
de su madre, Maria Montaner, y en Reus,
por su gran amistad con el intelectual
reusense Pau Font de Rubinat. |
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El hospital, que ocupa una superficie equivalente a nueve
manzanas del Eixample, ha sido objeto de diferentes restauraciones.
Los pabellones modernistas de Sant Pau fueron declarados Monumento
Histórico-Artístico en 1978 y Patrimonio de
la Humanidad por la UNESCO en 1997. El Hospital de la Santa
Creu i Sant Pau inaugura su tercera sede en el siglo XXI:
un edificio situado en el extremo nordeste de los terrenos,
separado del recinto modernista. En lo que respecta a los
pabellones modernistas, se reservarán para nuevos usos
relacionados con actividades de docencia, investigación
y divulgación, a medida que el hospital se vaya trasladando
a los nuevos edificios.
La Ruta continúa ahora en autobús.
La línea 92 (con parada en la calle Sant Antoni Maria
Claret esquina con Cartagena, al lado de la entrada principal
del Hospital de Sant Pau) nos llevará hasta el PARK
GÜELL (83) (PARQUE GÜELL), el sueño
urbanístico fracasado de Gaudí. El actual Park
Güell, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO
desde 1984, sólo conserva las pocas construcciones
acabadas del gran proyecto de Gaudí. La operación
urbanística más atrevida de la Barcelona de
finales del siglo XIX fue una idea de Eusebi Güell, que
compró en 1899 una antigua finca rural de quince hectáreas,
denominada Can Muntaner de Dalt, para convertirla en una ciudad-jardín
inspirada en precedentes ingleses, como los de Ebenezer Howar
(motivo por el cual recibió el nombre de park, en inglés).
Park Güell
Dirección Olot, s/n; ctra. del Carmen, s/n Horarios Horario del parque: enero, febrero, noviembre y diciembre de 8 a 18h. Marzo y octubre de 8 a 19h. Abril y septiembre de 8 a 20h. De mayo a agosto de 8 a 21h. Información Tel.: 010. www.bcn.es/parcsijardins. Horario del Centro de Interpretación: de lunes a domingo de 11 a 15h. Información Tel.: 932 856 899. www.museuhistoria.bcn.es Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos previamente. Descripción El sueño urbanístico fracasado de Gaudí. El actual Park Güell, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1984, sólo conserva las pocas construcciones acabadas del gran proyecto de Gaudí. La operación urbanística más atrevida de la Barcelona de finales del siglo XIX fue una idea de Eusebi Güell, que compró en 1899 una antigua finca rural de quince hectáreas, denominada Can Muntaner de Dalt, para convertirla en una ciudad-jardín inspirada en precedentes ingleses, como los de Ebenezer Howar (motivo por el cual recibió el nombre de park, en inglés).
Park Güell Dirección Olot, s/n; ctra. del Carmen, s/n Horario del parque Enero, febrero, noviembre y diciembre de 10 a 18h. Marzo y octubre de 10 a 19h. Abril y septiembre de 10 a 20h. De mayo a agosto de 10 a 21h. Información Tel.: 010. www.bcn.es/parcsijardins. Horario del Centro de Interpretación De lunes a domingo de 11 a 15h. Información Tel.: 932 856 899. www.museuhistoria.bcn.es Observaciones Los horarios pueden sufrir variaciones, por lo que se aconseja comprobarlos en el sitio web www.rutadelmodernisme.com o llamando al tel. 902 076 621.
El encargado de hacer realidad este proyecto de urbanismo paisajístico del conde de Güell fue Antoni Gaudí. El proyecto de Gaudí contemplaba la construcción de alrededor de unas sesenta casas en parcelas, con una extensa zona verde comunitaria. La urbanización se inició en 1900 y se detuvo definitivamente en 1914. Gaudí, siguiendo el deseo de Güell, ideó un retiro bucólico que debía servir de residencia a la burguesía barcelonesa más selecta. Su situación, en la falda de la montaña y lejos de la ciudad, parecía idónea para simbolizar la metáfora de la ascensión al paraíso, al edén. El proyecto, sin embargo, fue un fracaso total. Aparte de la parcela que adquirió el propio contratista de las obras, sólo se vendieron dos parcelas a un único comprador, que sólo edificó un chalé. Se llegaron a construir las tres cruces, que marcaban el lugar en el que se tenía que erigir una capilla; los dos pabellones de entrada; los muros de contención y toda la infraestructura viaria alrededor de una gran plaza sustentada por columnas. Pero frente al desastre financiero de la operación, los herederos de Eusebi Güell, fallecido en 1918, vendieron el solar al Ayuntamiento, que lo convirtió en un parque público. Las prodigiosas estructuras levantadas entre la vegetación mediterránea son una curiosa mezcla de fantasía y espiritualidad, salpicada de emblemas patrióticos por el catalanista insobornable que era Gaudí. En esta obra el arquitecto abandonó todo historicismo para formular con valentía un lenguaje propio que va desde la inspiración en formas naturales hasta un lenguaje plástico sorprendentemente vanguardista.
La puerta principal del Park Güell, abierta en un muro de ladrillo decorado con mosaicos, está protegida por una reja de hierro forjado y flanqueada por dos sugerentes pabellones inspirados en el cuento "Hansel y Gretel", que se había representado en forma de ópera en el Liceu a finales de 1900, cuando Gaudí se embarcaba en el proyecto del Park Güell. El pabellón de la izquierda, con una doble cruz en el techo, representa la casa de los niños, Hansel y Gretel. La planta baja cuenta con una librería y una tienda de recuerdos. El de la derecha, más grande y coronado por una seta venenosa, es el de la bruja, y era la antigua casa del conserje del parque. Recientemente restaurado, acoge en la actualidad el Centro de Interpretación del Park Güell del Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona. La planta baja, con información sobre la obra de Gaudí, es de acceso libre. En el piso superior, adquiriendo una entrada, se puede ver la distribución de la construcción y la antigua vivienda del conserje, además de la exposición "Gaudí y el Park Güell. Arquitectura y naturaleza". Pasados los dos pabellones, a la derecha, puede verse una gruta que recuerda la cripta del monasterio de Sant Pere de Rodes, y que servía para proteger a los carruajes y a los caballos en los días de lluvia.
La escalera principal está partida en dos por un centro de agua en el que reina el famoso dragón multicolor de trencadís de cerámica esmaltada. En la parte de arriba de la escalera se encuentra la sala hipóstila, también conocida como la de las cien columnas pese a no tener más que 86. Esta sala, destinada originalmente a albergar el mercado de la urbanización, fue decorada por Josep Maria Jujol, colaborador habitual de Gaudí, quien le dio carta blanca para hacer lo que quisiera. El resultado fue excepcional: un techo ondulante de mosaico con variadas incrustaciones formando unas caprichosas espirales. Con la restauración de esta zona, en 1992, se colocaron unas lámparas en las bases de las columnas que, de noche, transforman la sala en una especie de templo griego espectacular. De la sala hipóstila salen dos caminos que nos llevan a la gran plaza circular, un privilegiado mirador sobre la ciudad. La plaza, según el proyecto inicial de Gaudí, tenía que recoger el agua de lluvia que, convenientemente canalizada por las columnas de la sala hipóstila, iba a parar a un inmenso depósito de 12.000 metros cúbicos (cerrado al público).
La plaza está rodeada por un serpenteante banco de trencadís en el que la imaginación combinada de Gaudí y Jujol consiguió una audacia extraordinaria que algunos especialistas consideran precursora del arte abstracto. El banco es una sinfonía de colores: el verde, el azul y el amarillo aparecen combinados de diferentes maneras, y con forma de lunas, estrellas y flores abstractas. El color, sin embargo, va desapareciendo gradualmente de izquierda a derecha, hasta que predomina el color blanco, símbolo de pureza. La obra parece querer insinuar que la vida humana es una sinfonía de colores que culmina en el blanco, con el cielo. No obstante, el color no es del todo blanco: Gaudí empleó un material que había sido rechazado en otras edificaciones, como la Casa Batlló, precisamente por esta "impureza" de color. En la última restauración del banco (1995) se ha querido mantener esta imperfección y se han utilizado hasta veintiuna tonalidades diferentes de blanco al restituir las partes más deterioradas del mismo.
Otras construcciones sorprendentes del Park Güell son los puentes y los pasos bajo los viaductos, con columnas torcidas, que hacen que parezcan grutas. El cuarto pórtico que conecta la parte superior con la inferior es quizás la estructura más especial, con paredes y arcos inclinados de aire surrealista. La cumbre de la colina donde está situado el parque está coronada por un calvario monumental formado por tres cruces que se encuentra en el lugar donde Gaudí tenía previsto construir una iglesia. También en este lugar el autor se dejó llevar por la fantasía: si miramos hacia el este -es decir, en dirección a la ciudad de Jerusalén-, la perspectiva hace que las tres cruces, al estar en fila, se conviertan en una. Éste es el punto final del ascenso: la cruz es el último símbolo.
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El encargado de hacer realidad este proyecto
de urbanismo paisajístico del conde de Güell fue
Antoni Gaudí. El proyecto de Gaudí contemplaba
la construcción de alrededor de unas sesenta casas
en parcelas, con una extensa zona verde comunitaria. La urbanización
se inició en 1900 y se detuvo definitivamente en 1914.
Gaudí, siguiendo el deseo de Güell, ideó
un retiro bucólico que debía servir de residencia
a la burguesía barcelonesa más selecta. Su situación,
en la falda de la montaña y lejos de la ciudad, parecía
idónea para simbolizar la metáfora de la ascensión
al paraíso, al edén. El proyecto, sin embargo,
fue un fracaso total. Aparte de la parcela que adquirió
el propio contratista de las obras, sólo se vendieron
dos parcelas a un único comprador, que sólo
edificó un chalé. Se llegaron a construir las
tres cruces, que marcaban el lugar en el que se tenía
que erigir una capilla; los dos pabellones de entrada; los
muros de contención y toda la infraestructura viaria
alrededor de una gran plaza sustentada por columnas. Pero
frente al desastre financiero de la operación, los
herederos de Eusebi Güell, fallecido en 1918, vendieron
el solar al Ayuntamiento, que lo convirtió en un parque
público. Las prodigiosas estructuras levantadas entre
la vegetación mediterránea son una curiosa mezcla
de fantasía y espiritualidad, salpicada de emblemas
patrióticos por el catalanista insobornable que era
Gaudí. En esta obra el arquitecto abandonó todo
historicismo para formular con valentía un lenguaje
propio que va desde la inspiración en formas naturales
hasta un lenguaje plástico sorprendentemente vanguardista.
La puerta principal del Park Güell,
abierta en un muro de ladrillo decorado con mosaicos, está
protegida por una reja de hierro forjado y flanqueada por
dos sugerentes pabellones inspirados en el cuento "Hansel
y Gretel", que se había representado en forma
de ópera en el Liceu a finales de 1900, cuando Gaudí
se embarcaba en el proyecto del Park Güell. El pabellón
de la izquierda, con una doble cruz en el techo, representa
la casa de los niños, Hansel y Gretel. La planta baja
cuenta con una librería y una tienda de recuerdos.
El de la derecha, más grande y coronado por una seta
venenosa, es el de la bruja, y era la antigua casa del conserje
del parque. Recientemente restaurado, acoge en la actualidad
el Centro de Interpretación del Park Güell del
Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona. La planta baja,
con información sobre la obra de Gaudí, es de
acceso libre. En el piso superior, adquiriendo una entrada,
se puede ver la distribución de la construcción
y la antigua vivienda del conserje, además de la exposición
"Gaudí y el Park Güell. Arquitectura y naturaleza".
Pasados los dos pabellones, a la derecha, puede verse una
gruta que recuerda la cripta del monasterio de Sant Pere de
Rodes, y que servía para proteger a los carruajes y
a los caballos en los días de lluvia.
La escalera principal está partida
en dos por un centro de agua en el que reina el famoso dragón
multicolor de trencadís de cerámica esmaltada.
En la parte de arriba de la escalera se encuentra la sala
hipóstila, también conocida como la de las cien
columnas pese a no tener más que 86. Esta sala, destinada
originalmente a albergar el mercado de la urbanización,
fue decorada por Josep Maria Jujol, colaborador habitual de
Gaudí, quien le dio carta blanca para hacer lo que
quisiera. El resultado fue excepcional: un techo ondulante
de mosaico con variadas incrustaciones formando unas caprichosas
espirales. Con la restauración de esta zona, en 1992,
se colocaron unas lámparas en las bases de las columnas
que, de noche, transforman la sala en una especie de templo
griego espectacular. De la sala hipóstila salen dos
caminos que nos llevan a la gran plaza circular, un privilegiado
mirador sobre la ciudad. La plaza, según el proyecto
inicial de Gaudí, tenía que recoger el agua
de lluvia que, convenientemente canalizada por las columnas
de la sala hipóstila, iba a parar a un inmenso depósito
de 12.000 metros cúbicos (cerrado al público).
La plaza está rodeada por un serpenteante
banco de trencadís en el que la imaginación
combinada de Gaudí y Jujol consiguió una audacia
extraordinaria que algunos especialistas consideran precursora
del arte abstracto. El banco es una sinfonía de colores:
el verde, el azul y el amarillo aparecen combinados de diferentes
maneras, y con forma de lunas, estrellas y flores abstractas.
El color, sin embargo, va desapareciendo gradualmente de izquierda
a derecha, hasta que predomina el color blanco, símbolo
de pureza. La obra parece querer insinuar que la vida humana
es una sinfonía de colores que culmina en el blanco,
con el cielo. No obstante, el color no es del todo blanco:
Gaudí empleó un material que había sido
rechazado en otras edificaciones, como la Casa Batlló,
precisamente por esta "impureza" de color. En la
última restauración del banco (1995) se ha querido
mantener esta imperfección y se han utilizado hasta
veintiuna tonalidades diferentes de blanco al restituir las
partes más deterioradas del mismo. |
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